La última murga de Rubén Rada: Montevideo lo despidió entre palmas y Blumana en el Palacio Legislativo
El Salón de los Pasos Perdidos se colmó de gente, familiares y colegas que llegaron desde la Argentina para cantar frente al féretro del músico uruguayo, fallecido a los 83 años. El presidente Yamandú Orsi decretó duelo oficial y recordó el pedido del artista: alegría, nada de apagados.

Vuelvo una y otra vez a una imagen que me quedó dando vueltas mientras escribía esta nota: la del Palacio Legislativo de Montevideo abierto de par en par, en pleno agosto, con una fila que ya daba vuelta a la manzana mucho antes de las dos de la tarde. Porque a esa hora, puntualmente, se abrieron las puertas del Salón de los Pasos Perdidos para que miles de personas pudieran despedir a Rubén Rada, el músico uruguayo que murió el miércoles 26 de agosto a los 83 años, después de un mes de internación por una neumonía bilateral. El jueves 27 el velatorio se extendió hasta las 21.00 y este viernes 28, a las 11.00, está previsto el sepelio con un cortejo que partirá desde la esquina de Isla de Flores y Santiago de Chile, en el barrio Palermo, rumbo al Cementerio del Norte.
Una despedida que arrancó antes de tiempo
Antes de que los guardias autorizaran el ingreso por la puerta principal sobre la Avenida del Libertador, ya había gente esperando en las veredas con flores, con la camiseta de la selección uruguaya, con bombos chicos colgados de la mochila. La escena hablaba por sí sola: Rada había sido, como pocos, un músico capaz de cruzar generaciones y, al mismo tiempo, mantener intacto el vínculo con su público histórico. Por eso no sorprendió ver, mezclados en la misma cola, rostros veteranos y adolescentes que probablemente lo habían conocido por youtube.
La visita de los artistas argentinos
Alrededor de las 16.00 el salón vivió uno de los momentos más emotivos de la jornada. León Gieco, Natalia Oreiro y Ricardo Mollo, que habían viajado especialmente desde la Argentina, se ubicaron junto a los tres hijos de Rada, a su esposa Patricia Jodara y al compositor Jorge Nasser para cantar frente al cajón. Sonó primero Blumana, una de las canciones más queridas del repertorio del músico, y el clima cambió de golpe: lo que hasta entonces había sido un silencio respetuoso se transformó en un canto colectivo. Después llegó Muriendo de plena y, esta vez, fueron las propias voces del salón las que se acoplaron de manera espontánea, con palmas marcando la clave de candombe, como si el Salón de los Pasos Perdidos se hubiera convertido por un rato en una llamativa murga a cielo cerrado.
“Nosotros somos medio apagaditos; él era para arriba. Alegría, alegría.”Yamandú Orsi, presidente de Uruguay
Orsi participó del velatorio y, en una rueda de prensa en la puerta del Legislativo, repasó el vínculo personal que mantuvo con el músico a lo largo de los años. Recordó una actuación de Rada en Corea, que conocía por los videos que ambos compartían en su círculo íntimo, y mencionó el dato que más lo conmovía: el de los militares uruguayos desplegados en misiones de paz en el Congo, que solían cerrar la jornada escuchando Mi país. Esto no para, dijo sobre los homenajes que se multiplicaron desde el miércoles, y reveló que el propio Rada había pedido que su despedida tuviera un tono de alegría. Esa indicación, según contó el presidente, fue la que rigió el clima del jueves en Montevideo.
Lo que dejó la jornada y lo que viene
- El velatorio se extendió de 14.00 a 21.00 en el Salón de los Pasos Perdidos, con ingreso por la Avenida del Libertador.
- El presidente Yamandú Orsi decretó duelo oficial para todo el jueves y participó de la ceremonia.
- Figuras de la música argentina como León Gieco, Natalia Oreiro y Ricardo Mollo viajaron para cantar frente al féretro.
- El sepelio será este viernes 28, con un cortejo que partirá a las 11.00 desde Isla de Flores y Santiago de Chile, en Palermo, hacia el Cementerio del Norte.
- Los hijos de Rada, su esposa Patricia Jodara y el compositor Jorge Nasser encabezaron el homenaje musical junto a Blumana y Muriendo de plena.
Cierro esta nota con una sensación que, se los confieso, todavía no me termina de acomodar en el pecho. Soy de la generación que creció con Rada sonando en los autos de mis viejos durante los veranos en la costa, y verlo despedido así, a sala llena, con gente de todo el Río de la Plata haciendo cola bajo el sol montevideano, me confirma algo que él repitió toda la vida: que la música popular, cuando se hace de verdad, no se jubila nunca. Mientras escribo, sigo tarareando Blumana, y me queda la certeza de que, en algún patio del Palermo o en la puerta del Cementerio del Norte, hoy va a sonar otra vez. Como tiene que ser, como él hubiera querido.
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