Lunes, 31 de agosto de 2026
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La vuelta al gym después de la pausa: cómo retomar sin pagar el precio en kinesiología

Después de unas vacaciones, una lesión o semanas sin moverte, el cuerpo necesita reaprender a exigirse. Especialistas en medicina del deporte insisten en que empezar con menos no es retroceder: es la única manera de volver a entrenar de verdad.

MM
Marta MansillaSociedad y salud · 31 DE AGO DE 2026 · 4 min de lectura

La sala de espera del consultorio de kinesiología está tranquila esta mañana de martes. En la butaca del fondo, Jorge, 52 años, contador y corredor amateur, hojea una revista mientras espera su turno. Cuenta que pasó casi todo enero en la costa, con la mochila del gimnasio intacta en el placard, y que la primera semana de febrero intentó salir a trotar como si nada hubiera pasado. Terminó con la cara interna del muslo en llamas y una contractura que todavía lo trae a mal traer. Mi nombre es Marta Mansilla, y esta columna de Sociedad y Salud arranca en esa escena porque, antes de hablar de progresiones y cargas, conviene mirar a la persona que se sienta en el borde de la camilla y dice, casi en voz baja, que se le fue la mano.

Retomar el entrenamiento después de semanas sin actividad exige paciencia y planificación. Esa es, sin vueltas, la coincidencia que repiten los especialistas en medicina del deporte y los trabajos publicados en la literatura científica sobre retorno al deporte: cuando el cuerpo deja de moverse durante un tiempo prolongado, no está en el mismo punto que cuando se bajó de la rutina. La tolerancia al esfuerzo baja, los músculos pierden parte de su capacidad de absorber cargas altas y hasta el sistema nervioso tarda en recuperar los patrones de movimiento que uno tenía automatizados. Volver desde donde se dejó, sin transición, es el camino más corto hacia una molestia que termina en reposo absoluto, justo lo contrario de lo que uno buscaba.

Menos volumen, menos intensidad y más descanso

La recomendación que surge de los preparadores físicos y de la investigación coincide en los tres ejes. Primero, reducir el volumen: quien estaba habituado a entrenar una hora puede arrancar con sesiones de treinta a cuarenta minutos, con circuitos menos exigentes o ritmos moderados. Segundo, bajar la intensidad, porque la meta no es recuperar el nivel anterior en el menor tiempo posible, sino permitir que el organismo se readapte sin sobrecargas. Tercero, estirar los tiempos de descanso entre sesiones, al menos durante las primeras dos semanas. No se trata de hacer poco por hacer poco: se trata de hacer lo justo para que el cuerpo vuelva a reconocerse en movimiento.

La pausa prolongada afecta cualidades físicas medibles: fuerza, potencia, velocidad y capacidad de reacción. Cuando la interrupción se extiende sin ningún tipo de actividad de mantenimiento, los cambios en la composición corporal y en el rendimiento pueden ser significativos. Para amortiguar esas pérdidas, la literatura menciona ejercicios de fuerza con cargas ligeras, trabajo pliométrico y estímulos de alta velocidad para preservar la condición de grupos musculares clave, entre ellos los isquiotibiales, los grandes perjudicados de cada regreso a la actividad, como bien sabe cualquier kinesiólogo.

  • Reducir el volumen de entrenamiento a la mitad durante las primeras dos semanas.
  • Bajar la intensidad: ritmos moderados y circuitos menos exigentes.
  • Sumar al menos un día de descanso entre sesiones hasta recuperar la tolerancia al esfuerzo.
  • Incorporar ejercicios de fuerza con cargas ligeras para preservar masa muscular.
  • Cuidar el sueño: horarios regulares favorecen la adaptación y bajan la fatiga acumulada.
  • Escuchar las señales del cuerpo antes de sumar un kilogramo más o un kilómetro extra.

Hay también una dimensión mental que suele quedar fuera de la conversación y pesa tanto como las repeticiones en la barra. La ansiedad por recuperar el hábito rápido puede empujar a exigirse más de lo que el cuerpo tolera en esa etapa, y los períodos prolongados de alteración de la rutina pueden afectar variables psicológicas vinculadas al entrenamiento. Algunos deportistas amateurs necesitan acompañamiento específico para retomar con confianza y sin la presión autoimpuesta de volver a ser, en dos semanas, lo que eran antes de la pausa.

“Respetar los tiempos del cuerpo no es signo de debilidad, sino la única manera de que la vuelta al entrenamiento sea sostenible y no termine en una lesión que nos deje, otra vez, sentados en la sala de espera.”Marta Mansilla, sección Sociedad y Salud

Antes de despedirme, vuelvo a la sala de espera donde empezó esta nota. Jorge, mi vecino contador de 52 años, ya pasó por el consultorio y sale con la orden de magneto y una rutina de elongación que, dice, va a cumplir a rajatabla. Me cuenta que lo que más le cuesta no es la parte física, sino aceptar que el cuerpo le pide otro ritmo. Lo que espera, mientras se acomoda los anteojos y guarda el ticket en la billetera, es simple y a la vez enorme: volver a correr sin que la cara interna del muslo le pase la factura. Esa expectativa, compartida por miles de personas que vuelven al gym cada febrero, es la mejor síntesis de por qué la paciencia no es un extra en el entrenamiento, sino la base sobre la que se construye todo lo demás.

MM
Marta MansillaSociedad y salud

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