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Levantarse de la silla cada tanto: lo que la ciencia dice sobre pequeñas pausas de movimiento y la mente

Una revisión de 25 estudios con más de mil participantes encontró mejoras modestas en atención y memoria cuando se intercalan caminatas, estiramientos o escaleras entre tareas sedentarias.

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Marta MansillaSociedad y salud · 20 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

La sala de espera del consultorio estaba casi vacía a esa hora de la tarde y, mientras completaba unos formularios, aproveché para levantarme y estirar las piernas por el pasillo. Volví al asiento con la sensación de haber recuperado algo de claridad, una impresión que ahora parece tener respaldo en la literatura científica: una revisión de 25 ensayos clínicos, con 1.115 participantes de entre 8 y 78 años, concluyó que interrumpir el tiempo sentado con breves movimientos aporta beneficios pequeños pero consistentes para la atención y la memoria.

El trabajo, encabezado por Yongming Li, reunió estudios que probaron pausas de menos de diez minutos en distintos contextos: caminatas, yoga, bicicleta fija, ejercicios de resistencia, saltos o correr sin desplazarse. Lo que tenían en común era su carácter intermitente, ya que se repitieron cada media hora o cada hora, con duraciones que en algunos casos no superaron los dos minutos.

Qué midieron y qué encontraron

  • Atención sostenida, es decir, la capacidad de mantenerse concentrado en una tarea durante un tiempo prolongado.
  • Flexibilidad cognitiva, que es la habilidad para alternar entre distintas consignas o reglas.
  • Control inhibitorio, o sea, la posibilidad de frenar respuestas impulsivas.
  • Memoria de trabajo, el sistema que permite retener y manipular información mientras se resuelve un problema.

El efecto promedio fue modesto, con un valor de 0,24 en la escala estadística utilizada, donde 0,2 se interpreta como un beneficio pequeño. Sin embargo, los resultados fueron algo mayores en dos escenarios: cuando las rutinas se sostuvieron durante varias semanas y cuando se aplicaron en ámbitos escolares y laborales.

“Las pausas de movimiento pueden ser razonables y útiles en contextos reales, aunque hay que tener cautela al promediar edades y etapas cognitivas tan distintas.”Mark Hamer, investigador del University College London

Para quienes pasan muchas horas frente a la computadora, la frecuencia también sumó un dato interesante: las interrupciones separadas por una hora mostraron una ligera ventaja sobre las que se repitieron cada treinta minutos. La diferencia fue reducida, pero invita a pensar que no hace falta levantarse a cada momento para cosechar algún beneficio.

En las escuelas, el propio Hamer destacó la posibilidad de sumar movimientos sencillos antes de continuar una lección, sin necesidad de equipamiento deportivo, lo que vuelve a la propuesta especialmente atractiva para aulas con poco espacio o pocos recursos.

Una hipótesis sobre el mecanismo

Mike Trott, de la Universidad de Queensland, propuso como explicación plausible que estas pausas favorecerían la liberación de dopamina y noradrenalina, dos neurotransmisores involucrados en la atención y la memoria. La investigación revisada no profundiza en los mecanismos biológicos, pero la hipótesis ayuda a entender por qué un movimiento breve podría traducirse en un desempeño mental algo mejor al volver a la tarea.

Hablé con Eduardo, de 52 años, que trabaja en administración y pasa más de siete horas diarias sentado. Me dijo que suele levantarse a buscar agua o estirar la espalda cuando siente que se le nubla la vista, y que después le cuesta menos retomar lo que estaba haciendo. No es un dato científico, pero coincide con la dirección de los hallazgos. Eduardo, como muchos, espera que estas pausas se conviertan en un hábito más que en una excepción.

La aclaración de los autores es importante: estas interrupciones complementan la actividad física habitual, pero no la reemplazan. Es decir, sumar caminatas cortas a la jornada sedentaria no equivale a cumplir con las recomendaciones generales de ejercicio, que en adultos apuntan a acumular al menos 150 minutos semanales de actividad moderada.

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Marta MansillaSociedad y salud

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