Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Voces de Santa Cruz

Voces de Santa Cruz

Portada — Vida —

Los primeros tres meses con antipsicóticos concentran el mayor riesgo de diabetes

Un estudio británico con casi 97.000 pacientes detectó que el azúcar en sangre y el peso se disparan durante los primeros 90 días de tratamiento, sobre todo con olanzapina. Especialistas piden controles metabólicos antes y durante ese período crítico.

MM
Marta MansillaSociedad y salud · · 5 min de lectura
Los primeros tres meses con antipsicóticos concentran el mayor riesgo de diabetes

Imaginate la sala de espera de un consultorio de salud mental en cualquier ciudad de Buenos Aires: la silla de plástico, el ruido del aire acondicionado, una señora de 52 años llamada Marta que hojea una revista sin leerla y un joven de 28 que se llama Santiago y que está a punto de empezar un tratamiento con antipsicóticos de segunda generación. La mala noticia, que acaba de confirmar la ciencia, es que en ese tramo inicial de la medicación se juega buena parte de lo que vendrá después con su metabolismo. Y eso, aunque la indicación clínica sea necesaria y a veces imprescindible, le cambia la vida.

Un equipo de University College London, en Inglaterra, revisó las historias clínicas de casi 97.000 adultos que comenzaron a tomar antipsicóticos de segunda generación entre 2000 y 2023. La pregunta era concreta: ¿cómo se mueven el azúcar en sangre y el peso antes y después de la primera receta? Y la respuesta fue tan clara como inquietante. Durante los primeros 90 días, la glucosa subió aproximadamente 14 veces más rápido y el peso unas 9 veces más rápido que en el período previo al tratamiento. Después de ese trimestre crítico, todo empezó a ralentizarse, como si el cuerpo agarrara una especie de meseta. Pero el daño inicial ya estaba hecho, o por lo menos encaminado.

Olanzapina, la que más empuja la aguja

Los investigadores analizaron cuatro de los fármacos más usados en la práctica psiquiátrica actual: olanzapina, quetiapina, risperidona y aripiprazol. Y la diferencia entre uno y otro fue enorme. La olanzapina mostró los cambios más pronunciados: el azúcar en sangre creció unas 50 veces más rápido y el peso unas 10 veces más rápido durante esos primeros 90 días. Quetiapina y risperidona quedaron en un punto intermedio, y aripiprazol fue la que menos alteró el metabolismo. Es decir, no todos los antipsicóticos de segunda generación juegan el mismo partido cuando hablamos de riesgo metabólico. Y para una persona como la Marta o el Santiago que esperan del otro lado del escritorio, esa distinción puede significar varios kilos de diferencia y, en algunos casos, un diagnóstico nuevo y no deseado de diabetes tipo 2.

Quiénes corren más riesgo y qué esperar

  • Las personas que ya tenían prediabetes al iniciar el tratamiento desarrollaron diabetes tipo 2 en el 19% de los casos dentro de los dos años siguientes, contra apenas el 3% de quienes comenzaron con niveles normales de glucosa.
  • Las mujeres mostraron cambios metabólicos más acelerados: su azúcar en sangre subió unas 24 veces más rápido en los primeros 90 días, contra unas 10 veces en los hombres.
  • El mayor salto se produce en los primeros tres meses de tratamiento, y luego la curva se va aplacando, aunque el daño muchas veces ya queda instalado.
  • Los fármacos olanzapina y quetiapina fueron los que más elevaron el azúcar y el peso, en tanto que aripiprazol resultó el más amigable desde lo metabólico.

Lo que sigue es una traducción directa para el paciente. Si vas a empezar un antipsicótico de segunda generación -o si le pasa a alguien de tu familia-, pedir un análisis de glucosa en ayunas, una hemoglobina glicosilada y un peso en la balanza antes de tomar la primera pastilla no es un capricho médico: es información que después será muy difícil reconstruir. Y repetir esos mismos controles a los uno, tres y seis meses, según el caso, puede ser la diferencia entre llegar al año con un trastorno psiquiátrico compensado y llegar al año con un trastorno psiquiátrico compensado y, encima, una diabetes nueva que no estaba en los planes de nadie.

“Nuestro estudio muestra que los primeros 90 días después de comenzar el tratamiento son un período clave en el que pueden comenzar los cambios relacionados con la diabetes y el aumento de peso. Con esta información en mente, los profesionales de la salud deberían verificar tanto el peso como el nivel de azúcar en la sangre antes de comenzar el tratamiento y nuevamente durante los primeros meses posteriores.”Juan Carlos Bazo-Alvarez, investigador principal y docente de University College London

Bazo-Alvarez, que es peruano-británico y trabaja desde Londres como epidemiólogo y docente, insistió en que la detección temprana permite intervenir antes de que los cambios se consoliden. "Al verificar de manera temprana, los médicos pueden detectar problemas antes y ofrecer apoyo, consejos o tratamiento para ayudar a prevenir problemas de salud más graves más adelante", completó el investigador en diálogo con The Lancet Psychiatry, la revista que publicó el trabajo el pasado 14 de octubre. El dato no es menor: ese tipo de controles ya está recomendado por las guías internacionales, pero en la práctica cotidiana muchas veces se saltea porque el foco queda puesto en estabilizar los síntomas psiquiátricos y no en vigilar el metabolismo. La investigación, en ese sentido, viene a ponerle números concretos a una advertencia que los manuales venían haciendo más en términos generales.

La fuerza del estudio está en el tamaño de la muestra -casi 97.000 pacientes-, en la extensión del seguimiento (más de dos décadas, hasta 2023) y en que los datos provienen del sistema público de salud inglés, el famoso NHS, con registros electrónicos completos. Eso permite comparar el mismo paciente antes y después de la medicación, y no en promedios agregados que mezclan perfiles muy distintos. A la vez, hay una limitación que los propios autores reconocen: como analiza el pasado, no puede probar causalidad plena, sino asociaciones fuertes que están pidiendo un ensayo clínico randomizado que las confirme. Mientras tanto, en cualquier sala de espera de cualquier hospital público del conurbano bonaerense, una Marta cualquiera -54 años, tres hijos, trabaja en negro, cuida a su madre- espera que su hijo empiece el tratamiento. Lo que ella espera, en realidad, es simple y enorme a la vez: que el remedio que le va a estabilizar la cabeza no le desordene el cuerpo en el intento.

MM
Marta MansillaSociedad y salud

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo