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Microplásticos en la mesa: por qué los toxicólogos piden dejar el plástico y pasar al vidrio antes de tocar el botón del microondas

Calentar la comida en un envase plástico puede liberar partículas que terminan en el plato. Especialistas consultados explicaron qué hacer en la cocina cotidiana y qué se sabe, y qué no, sobre sus efectos en la salud.

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Marta MansillaSociedad y salud · 25 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Me lo imagino en cualquier cocina de barrio, un mediodía de semana, con la puerta de la heladera abierta y el táper todavía con la etiqueta del rotiser. Antes de meterlo en el microondas, hay un paso que cambia todo: volcar la comida a un recipiente de vidrio o cerámica y guardar el plástico para otra cosa. Eso, que parece un detalle menor, es lo que recomiendan los toxicólogos Wells Brambl y Serah Oyewole para reducir el contacto con microplásticos que pueden desprenderse cuando sube la temperatura.

El calor como punto de partida

Brambl, médico especialista en emergencias del Centro Médico Judío de Long Island, de Northwell Health, es claro: cuando no queda otra que usar un recipiente plástico, conviene bajar la potencia del microondas al mínimo indispensable para templar los alimentos. La lógica es simple: cuanto menos calor, menos vibración en la estructura del envase y, por lo tanto, menos partículas liberadas.

Su colega Serah Oyewole, toxicóloga médica del Houston Methodist, lo explica con una imagen que cualquiera puede entender. El aumento de temperatura hace vibrar las moléculas del plástico y puede fracturar su estructura de polímeros. A partir de ahí, fragmentos y aditivos —colorantes, antioxidantes, estabilizadores ultravioletas— encuentran el camino hacia la comida que vamos a llevarnos a la boca.

“La leyenda “apto para microondas” no elimina la posibilidad de que se liberen microplásticos.”Wells Brambl, toxicólogo

Oyewole agrega otro matiz que vale la pena tener presente: la aprobación de un material para almacenar alimentos no es lo mismo que tener todas las respuestas sobre qué pasa cuando ingerimos esas partículas durante años. Son dos conversaciones que a menudo se mezclan en las góndolas del supermercado y que, según la especialista, conviene separar.

Lo que se sabe y lo que todavía no

Brambl reconoce que la literatura científica ya documentó la presencia de microplásticos y nanoplásticos en el organismo humano. Algunos trabajos muestran asociaciones con procesos inflamatorios. Pero, como repite con cuidado, una correlación no prueba que esas partículas sean la causa de nada. Los efectos a largo plazo, insiste, continúan bajo investigación, y conviene no saltar de un dato a una conclusión.

  • Pasar la comida del envase plástico a uno de vidrio o cerámica antes de recalentarla.
  • Si no hay otra opción, usar el microondas en la potencia mínima necesaria.
  • No confiar solo en la etiqueta “apto para microondas”: revisar utensilios, tapas y esponjas de plástico y reemplazarlos de a poco.
  • Preferir productos con menos envolturas plásticas cuando se pueda.

El horizonte de Ana, 52 años, en Lanús

Pienso en Ana, 52 años, vecina de Lanús, que después de leer estas cosas se quedó parada frente a la puerta abierta del microondas como si fuera un electrodoméstico nuevo. Me dijo que va a empezar por lo más fácil: guardar los tuppers de plástico para ensaladas frías y dejar libre el horno eléctrico para las sobras de la noche. Como tantos, espera que la ciencia termine de aclarar qué hacen estas partículas en el cuerpo, pero mientras tanto prefiere no sumarle platos al problema. Es un gesto chico, de cocina, de esos que no salen en los títulos, y sin embargo es el tipo de decisión cotidiana que los toxicólogos recomiendan empezar a probar hoy, sin esperar respuestas definitivas que, por ahora, nadie tiene.

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Marta MansillaSociedad y salud

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