Lunes, 21 de septiembre de 2026
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Voces de Santa Cruz

Presley Gerber, el chico de la Super Bowl que peleaba contra sus propios fantasmas

Tenía 27 años y era el hijo mayor de Cindy Crawford. Empezó a desfilar a los 16, trabajó para las marcas más grandes del mundo y, en paralelo, atravesó adicciones y ataques de pánico. Su familia pidió privacidad.

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Celeste AlmonacidCultura y patrimonio · 21 DE SEPT DE 2026 · 5 min de lectura

En 1999, cuando todavía faltaban un par de años para el cambio de milenio y el mundo empezaba a asomarse de lleno a la internet masiva, nacía en Brentwood, un barrio residencial de Los Ángeles conocido por sus casas con jardín y sus calles arboladas, el primer hijo de la supermodelo Cindy Crawford y del empresario Rande Gerber. Le pusieron Presley, un nombre con peso propio que inevitablemente remite al rey del rock. Ese niño creció entre flashes, pasarelas y portadas de revistas, y el 2 de julio cumplió los 27 años. La misma edad que tenía Elvis cuando murió, aunque acá no hay comparación posible ni búsqueda de analogías forzadas: lo que cuento es lo que pasó, y pasó hace apenas unas horas.

Presley Gerber falleció durante una internación en un centro de rehabilitación de California. Así lo confirmó la Oficina del Médico Forense del Condado de Los Ángeles, según difundió la prensa internacional. El joven estaba recibiendo tratamiento por problemas vinculados al consumo de drogas y alcohol, una pelea que él mismo había hecho pública en varias oportunidades y que su madre, su padre y su hermana menor Kaia habían acompañado de cerca, con palabras y con presencia.

El pedido de la familia y un video que ya no está

Cuando la noticia empezó a circular, los allegados al modelo difundieron un comunicado breve y directo, del tipo que se escribe cuando no se quiere agregar nada pero sí se necesita proteger algo: pidieron privacidad y respeto en un momento que, por lo obvio, no admite declaraciones extensas ni explicaciones detalladas. Lo que se sabe es lo que el propio Presley había decidido contar.

En diciembre del año pasado, el joven había subido a su cuenta de Instagram un video —luego eliminado— en el que se lo veía hablando de frente a la cámara, con la calma tensa de quien está eligiendo mostrarse vulnerable. Ahí contó qué medicamentos estaba tomando, describió los ataques de pánico que lo asaltaban y mencionó distintas pérdidas que lo habían marcado, y que él mismo vinculaba con el estado en el que se encontraba. La intención, según dijo, era simple y a la vez enorme: tenderle una mano a quien estuviera pasando por algo parecido y decirle que no estaba solo.

La respuesta de Cindy Crawford llegó rápido y sin adornos. En un mensaje directo le escribió: "Presley, te queremos y no estás solo". La frase se reproduce tal cual porque importa por lo que dice y por lo que calla: una madre que conoce el problema, que lo nombra y que, aun así, no deja de abrazar.

Kaia, la hermana que eligió hacerse a un lado

Kaia Gerber, la hermana menor, también había hablado del tema, aunque desde otro lugar. En una entrevista explicó algo que suele quedar afuera de estas historias: que durante mucho tiempo había relegado sus propias necesidades porque entendía que sus padres tenían que en las de Presley. Y que esa dinámica familiar terminó influyendo en su propia resistencia a pedir ayuda cuando la necesitó. Es un dato incómodo, de los que incomodan porque muestra que cuando un hijo atraviesa una adicción, la red familiar entera se tensa y se redistribuye, y a veces los que callan son los que más cerca estaban.

Una carrera que arrancó a los 16 y pasó por la Super Bowl

Porque, claro, antes de todo esto Presley era, sobre todo, un modelo. Y uno con una carrera que arrancó muy temprano: a los 16 ya estaba trabajando en campañas y pasarelas para marcas que son casi un directorio del lujo y la moda internacionales. El recorrido incluye a Calvin Klein, Dolce & Gabbana, Burberry, Tommy Hilfiger y Ralph Lauren, nombres que suenan a portada de Vogue y a backstage de fashion week. Uno de los momentos más recordados fue en 2018, cuando compartió con su madre un comercial de Pepsi que se emitió durante el entretiempo de la Super Bowl LII, ese evento que para Estados Unidos es casi un feriado y para el resto del mundo es un espectáculo publicitario fuera de escala. Estar ahí, con Cindy al lado, lo puso en una vidriera enorme: el hijo que caminaba junto a la madre, los dos en cámara, los dos vendiendo.

Nacido el 2 de julio de 1999, Presley era el mayor de los dos hijos del matrimonio. Su hermana Kaia, varios años más chica, eligió el mismo camino que la madre y el hermano: el modelaje desde la adolescencia, las campañas internacionales, las tapas. La familia, ya se sabe, tenía el oficio instalado en la casa como un mueble más.

“Presley, te queremos y no estás solo.”Cindy Crawford, en un mensaje a su hijo

Lo que yo me quedo pensando

Les soy honesta: cuando terminé de leer todo el material me quedé un rato en silencio, con la pantalla todavía encendida. No por el dato escueto de la muerte, que en el fondo es lo más triste y lo más definitivo, sino por el video de diciembre, ese en el que un chico de 26 años le habla a la cámara para decir que está mal, que toma medicación, que tiene ataques de pánico, y que lo hace, sobre todo, para que alguien que lo esté mirando y esté pasando por lo mismo se anime a pedir ayuda. Eso me parece enorme. Me parece un gesto que no se mide en likes ni en seguidores, sino en la cantidad de gente que tal vez, esa noche, decidió llamar a un teléfono o escribirle a alguien. Presley Gerber se fue a los 27, con un nombre que remitía al rock, una carrera que arrancó con las marcas más codiciadas del mundo y una pelea íntima que decidió hacer pública. Lo recuerdo, si me obligan a elegir, por ese video. Y lo recuerdo también por el mensaje de su madre, que no necesitó más que seis palabras para abrazar a un hijo que estaba pidiendo, a los gritos, que lo abrazaran.

CA
Celeste AlmonacidCultura y patrimonio

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