Proyecciones sectoriales: en 2031, nueve de cada diez vehículos que circulen en Argentina seguirán siendo a nafta o diésel
Aunque los patentamientos de autos eléctricos e híbridos no paran de crecer, la lentísima rotación del parque automotor hace que el peso de los combustibles líquidos sobre el total sea casi inelástico. Un informe privado estima que el consumo de nafta y diésel subirá 14,5% en cinco años y que la red de carga pública está muy lejos de acompañar esa transición.

La foto actual de la calle argentina muestra que la movilidad eléctrica sigue siendo, por ahora, una curiosidad estadística: el parque automotor total ronda los 14,5 millones de unidades y apenas 0,82% corresponde a vehículos electrificados, con los enchufables puros por debajo de las 20.000 unidades. El resto se reparte entre nafta (74,12%), diésel (24,68%) y GNC (0,39%), según datos sectoriales. La composición es consecuencia de una dinámica conocida por concesionarios, aseguradoras y registrales: los autos duran mucho, se renuevan poco y salen de circulación alrededor de 90.000 unidades por año, apenas 0,6% del total.
Crecen los patentamientos, pero el parque no se mueve al mismo ritmo
En los primeros ocho meses de 2026 los vehículos electrificados representaron 15,7% de los patentamientos y la proyección para diciembre los ubica en torno a 16,2% del total, una cifra que pone a la Argentina en sintonía con la tendencia global, pero que no se traslada de forma proporcional al parque circulante. Los especialistas lo describen como un problema de stock y no de flujo: por más que las ventas de cero kilómetro electrificadas se disparen, el universo de autos que efectivamente transita por calles, rutas y avenidas cambia muy lentamente, y el peso relativo de la nafta y el diésel se mantiene casi intacto.
De acuerdo con las estimaciones recogidas en el informe, para 2031 el parque automotor alcanzaría 17,2 millones de unidades, 17% más que el actual. En ese escenario los enchufables pasarían de unas 25.000 unidades a cerca de 298.000, casi doce veces más. Aun con ese salto, representarían apenas 1,73% del total, una proporción que vuelve a poner el foco sobre los casi 17 millones de vehículos restantes, casi todos a combustión.
Más autos en la calle, más litros de combustible
La consecuencia directa es que la demanda de combustibles líquidos no va a caer, sino que crecerá. Las proyecciones indican que el consumo de nafta y diésel pasaría de 15.000 millones de litros anuales en 2026 a 17.200 millones en 2031, un incremento de 14,5%. El ahorro que generaría el parque eléctrico proyectado, estimado en unos 410 millones de litros menos en comparación con un escenario donde esos mismos vehículos fueran a nafta, queda completamente absorbido por el crecimiento general del parque y por la incorporación de nuevos usuarios a la motorización individual.
La red de carga, el otro cuello de botella
- Hoy existen unos 318 puntos de carga públicos o semipúblicos para casi 19.400 vehículos enchufables.
- La relación actual es de 61 autos por cargador, frente a un promedio internacional de referencia cercano a 11.
- Para 2031, con una flota proyectada de 298.000 enchufables, harían falta cerca de 29.800 puntos de carga.
- La brecha entre la infraestructura disponible y la necesaria marca un segundo límite concreto para la transición, además del precio de los vehículos.
En conjunto, el cuadro de situación que describe el informe sectorial apunta a un horizonte de cinco años en el que la transición energética del transporte argentino avanzará a paso mucho más lento de lo que sugieren las cifras de patentamientos. La oferta de modelos electrificados seguirá ampliándose y las ventas seguirán creciendo en términos relativos, pero la edad media del parque, la baja tasa de renovación y la insuficiencia de la red de carga mantienen a la nafta y al diésel como protagonistas centrales del consumo energético del país. Para los analistas del sector, la discusión ya no pasa por si los vehículos eléctricos ganarán mercado, algo que consideran inevitable, sino por cuánto tiempo convivirán con un parque mayoritariamente a combustión y a qué costo fiscal y ambiental se gestionará esa transición.
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