Reactivar lo que ya estaba encendido: la apuesta de Google por once reactores nucleares que serán el corazón eléctrico de su inteligencia artificial
Alphabet selló un acuerdo a veinte años con Constellation Energy para modernizar once reactores en Illinois, Pensilvania y Nueva Jersey, obtener 890 megavatios adicionales y, de paso, llevar herramientas de Google Cloud y Gemini a la operación cotidiana de la energética.

En 2007, cuando Google todavía era sobre todo un buscador con un logo festivo y el mundo recién empezaba a preguntarse qué era eso del cloud computing, el Departamento de Energía de Estados Unidos publicó un informe que advertía algo que hoy suena profético: la red eléctrica del país no estaba pensada para alimentar fábricas de cómputo a esa escala. Casi veinte años después, esa advertencia dejó de ser teoría y se convirtió en uno de los cuellos de botella más concretos de la economía digital. Entrenar y servir un modelo de inteligencia artificial de gran tamaño demanda electricidad las veinticuatro horas, los siete días de la semana, sin importar si afuera llueve, hace calor o el viento decide no soplar. Esa es, justamente, la promesa que vuelve a poner a la energía nuclear en el centro de la discusión.
Lo que acaba de anunciar Alphabet, la casa matriz de Google, es una de las movidas más ambiciosas que se hayan visto en esa dirección: un contrato a veinte años con Constellation Energy por más de 4.300 millones de dólares para modernizar once reactores que ya existen en Illinois, Pensilvania y Nueva Jersey. No se trata de levantar centrales nuevas desde cero, sino de actualizar lo que ya está, subirle el pulso a la maquinaria que el país fue apagando durante décadas.
Qué se moderniza y qué se obtiene
El paquete tecnológico apunta a mejorar la eficiencia térmica y eléctrica de los reactores para inyectar unos 890 megavatios adicionales a la red PJM Interconnection, que es el operador eléctrico más grande de Estados Unidos y la columna vertebral energética de buena parte del este del país. Para dimensionarlo: esa potencia extra equivale, más o menos, a lo que produciría un reactor nuevo de gran porte, pero lograda reutilizando lo que ya está construido, lo que acorta plazos y baja costos.
- Once reactores distribuidos en tres estados: Illinois, Pensilvania y Nueva Jersey.
- Inversión superior a los 4.300 millones de dólares, sin obras de construcción desde cero.
- Vigencia del contrato: veinte años, con prioridad de suministro eléctrico para Alphabet.
- Incorporación estimada de 890 megavatios extra a la red PJM Interconnection.
- Acceso de Constellation a Google Cloud y a Gemini Enterprise dentro del programa AI for Energy.
El ida y vuelta de la inteligencia artificial
Porque el acuerdo no es solo de para los servidores de Google: también es de software para los ingenieros de Constellation. Bajo la alianza AI for Energy, la energética podrá usar Google Cloud y la suite Gemini Enterprise para tareas muy concretas de su operación diaria, como elegir dónde emplazar futuras instalaciones, optimizar el mantenimiento de sus activos y reforzar la protección de infraestructura considerada crítica. Es, en la práctica, un trueque: megavatios por modelos de lenguaje, megawatts por machine learning, y un modo nuevo de entender cómo se cruzan dos industrias que hasta hace poco parecían vivir en planetas distintos.
El movimiento se inscribe en una tendencia que se viene acelerando desde hace por lo menos dos años, cuando varias big tech empezaron a firmar contratos de compra de energía limpia o de baja huella de carbono para asegurar que sus centros de datos no quedaran a merced de los picos tarifarios ni de la intermitencia de las renovables. La nuclear vuelve a ser atractiva porque entrega algo que ningún parque solar ni ningún parque eólico puede prometer, que es producción constante, de base, sin depender del clima ni de la hora del día.
“La demanda eléctrica de la inteligencia artificial superó con creces lo que los centros de datos tradicionales alguna vez necesitaron, y entrenar o ejecutar modelos de gran escala consume una energía comparable, en ciertos casos, a la de ciudades enteras.”Descripción incluida en el material de base
Lo que más me quedó dando vueltas cuando terminé de leer los cables es la imagen de esos once reactores, varios de ellos veteranos, muchos con décadas de servicio a cuestas, siendo reacondicionados para sostener algo que en 2007 ni siquiera existía en la conversación pública: la inteligencia artificial generativa. Es como si una vieja usina del Midwest, con sus paredes de hormigón y sus indicadores analógicos, terminara siendo el corazón oculto de los modelos que redactan mails, traducen documentos y recomiendan películas. Me cuesta no emocionarme con esa idea, porque cuenta algo de fondo sobre cómo se mueven los engranajes invisibles del mundo en el que vivimos: a veces, la revolución más nueva del software se sostiene sobre la tecnología más antigua de la energía.
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