Romina Tumini vuelve a la Patagonia para contar el miedo con olor a estepa
La psicoterapeuta y ex bailarina de tango presenta este domingo en Neuquén su tercer libro, donde el paisaje sureño se vuelve escenario y estado de ánimo de relatos atravesados por violencias y traumas

La sala de espera del aeropuerto de Bariloche tiene esa luz cenicienta de las tardes patagónicas, y uno imagina que así debe verse el mundo cuando uno lleva demasiado tiempo lejos y vuelve de golpe, con la valija llena de cuadernos escritos en otro idioma. En esa imagen me parece que llega Romina Tumini cada vez que pisa el sur: con los ojos un poco desacostumbrados al viento, pero con la escritura afinada por veinticinco años de vivir en otro continente, primero siguiendo los pasos del tango por Suecia, Estados Unidos y Grecia, y finalmente afincada desde hace quince años en Alemania, donde se formó como psicoterapeuta humanista con foco en trauma y hoy acompaña a migrantes, refugiados y víctimas de violencia.
Neuquina de adopción y santafesina de nacimiento, Tumini pasó parte de su infancia en Ushuaia, se formó como maestra en la Universidad Nacional del Comahue y dio clases en escuelas de la ciudad antes de que la danza la empujara al mundo. Esa doble vida, la de maestra sureña y la de bailarina trotamundos, terminó de cerrarse cuando sumó la formación en psicología y empezó a trabajar en Europa escuchando historias de personas que habían perdido todo, o casi todo. Esas historias, aclara, no las cuenta desde la traición a quienes acompañó, sino desde lo que significa convivir de cerca con el dolor ajeno y decidir, aún así, transformar ese material en literatura.
Un libro que huele a miedo y a Patagonia
El olor del miedo, publicado por editorial Avant, es su tercer libro en apenas tres años: el primero, dedicado a infancias en situación de refugio, salió en 2023; La Elegida del Mar se publicó en 2024; y este nuevo volumen, que se presenta este domingo 13 de septiembre a las 18 en la sala Walsh de la Feria Internacional del Libro de Neuquén, reúne relatos ambientados en la estepa, el mar y los paisajes sureños, y se apoya en el sur no solo como escenario geográfico sino también como estado de ánimo, porque allí donde la nieve y el viento aíslan también quedan al descubierto traumas y heridas que en la ciudad se disimulan más fácil, y que en estas páginas emergen con la nitidez de un amanecer en Bariloche, de esos que parecen pintados a mano.
- El sur como personaje: la estepa, el mar y los paisajes patagónicos no son un decorado, sino que operan como estado de ánimo y empujan el ritmo de cada relato.
- Traumas que no siempre se ven: las violencias que aborda el libro suelen ser las que cuesta nombrar, las que quedan detrás de una puerta cerrada o de un silencio familiar.
- Voces que vienen de lejos: detrás de cada cuento están años de trabajo clínico en Europa con migrantes, refugiados y víctimas de violencia, experiencias que la autora resignifica sin traicionar a quienes acompañó.
- Una autora que escribe desde tres mundos: la formación como maestra en el Comahue, la vida adulta marcada por el tango y, ahora, la escucha terapéutica del trauma en Alemania.
Durante la presentación, Tumini dialogará con el escritor Sebastián Sánchez en una charla que promete ser menos un lanzamiento tradicional y más una conversación sobre cómo se cruzan la clínica y la literatura cuando una misma persona vio de cerca el dolor ajeno y, sin embargo, eligió contarlo. El libro, además, se consigue en el Stand 71 de la feria, cuya entrada es libre y gratuita, un detalle no menor en tiempos donde leer se volvió, para muchos, un lujo vedado.
Hace un par de semanas, mientras esperaba el colectivo en la terminal de Neuquén, me crucé con Marta, una vecina de 52 años que me contó que lleva años sin poder terminar un libro porque le cuesta concentrarse, y que cuando arrancó El olor del miedo le pasó algo que no le pasaba desde la adolescencia, que es leer hasta las tres de la mañana con la sensación de estar reconociendo un paisaje que creía conocer de memoria, y me dijo que eso, para ella, ya es suficiente para ir este domingo a las 18 a la sala Walsh, porque espera encontrarse con alguien que, como Romina Tumini, volvió a la Patagonia no para evocarla con nostalgia sino para mirarla de frente y contar, con la precisión de quien escucha a diario historias difíciles, todo lo que el viento patagónico suele tapar.
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