Rubén Rada se despidió rodeado de los suyos y deja más de diez discos inéditos que verán la luz
Lucila Rada, su hija mayor, difundió un mensaje íntimo sobre los últimos instantes junto al músico, el velatorio en el Palacio Legislativo y la caravana que lo llevó por las calles de Montevideo hasta el Cementerio del Norte. Adelantó que el legado sonoro del autor de «Muriendo de plena» sigue intacto y se publicará de forma gradual.

El miércoles 26 de agosto de 2025 la familia de Rubén Rada se reunió alrededor del músico y comprendió que había llegado la hora de la despedida. Lo que vino después, según contó su hija mayor Lucila, fue una conmoción que dejó de ser íntima para volverse colectiva: el teléfono se llenó de mensajes, la gente se acercó al Palacio Legislativo y Montevideo entera se sumó a un duelo que tomó la forma de candombe, aplausos y lágrimas en las calles. La noticia de su partida recorrió el Río de la Plata con la fuerza de un hombre que durante seis décadas fue mucho más que un cantante: fue una manera de estar en el mundo.
En un mensaje extenso, Lucila reconstruyó los últimos momentos junto a su padre. Lo definió como el «instante 0» de una serie de días que terminaron transformándose en algo distinto a lo que la familia esperaba. Antes de ese momento, contó, lo vieron con una expresión que describió como «pacífica y satisfecha». Le hablaron, le dijeron lo que iban a sentir con su ausencia y repasaron lo que él les había dejado. «Ni un solo gesto de amor, generosidad, humor o talento le quedó pendiente», escribió. Y añadió que la reacción del público fue tan abrumadora que ese instante privado se estiró hasta convertirse en lo que llamó el «km 0» de un camino compartido.
El velatorio en el Palacio Legislativo y la despedida por las calles de Montevideo
El velatorio se realizó en el Palacio Legislativo, donde la familia recibió a personas de distintas edades y procedencias. Lucila destacó los rostros de quienes se acercaron, atravesados por una tristeza que describió como «sin amargura». Hubo abrazos, ofrendas, llanto compartido y también risas; la voz de Rada sonó en el salón y hubo momentos de baile. La familia agradeció a las autoridades del Palacio Legislativo por comprender la dimensión del homenaje y ceder el espacio. Después, el cortejo recorrió Isla de Flores hasta el Cementerio del Norte. Una multitud acompañó el trayecto con candombe, música y gestos que la familia asoció con la forma en que el propio Rada había expresado querer ser recordado, en línea con lo que había dejado planteado en su disco Muriendo de plena.
Entre las imágenes que Lucila destacó de la despedida figuran dos jóvenes que siguieron la caravana en monopatín con un parlante, personas que llevaron prendas rojas y un círculo de tambores que sonó durante todo el trayecto por Isla de Flores. La escena, que mezcló solemnidad y alegría, parece salida de una de esas canciones que él mismo cantaba: una liturgia popular donde el ritmo y la emoción conviven sin contradecirse. Para los vecinos y vecinas que se acercaron a ver pasar el cortejo, la despedida fue a la vez una ceremonia de duelo y una fiesta de agradecimiento por todo lo que Rubén Rada dejó sembrado en la cultura del Río de la Plata.
El legado sonoro: más de diez disco inéditos que verán la luz de manera gradual
El mensaje de Lucila cerró con un anuncio que cambia el presente y el futuro inmediato del patrimonio musical uruguayo: Rubén Rada dejó más de diez disco sin publicar. La familia ya tiene la intención de hacerse cargo de que esa producción llegue al público de manera gradual. «Toda la música que…», alcanzó a escribir Lucila antes de que el texto se cortara, lo que dejó entrever que la frase iba a convertirse en una promesa de continuidad. Lo que se sabe hasta ahora es que existe material inédito, que la familia lo preserva y que la decisión es difundirlo con calma, como quien acomoda un álbum de fotos antes de mostrarlo.
“Nos dimos cuenta de que el dolor era generalizado.”Lucila Rada, hija del músico
Mientras la familia organiza ese archivo sonoro, en las calles y en las redes se multiplican los recuerdos: el Negro Rada en los escenarios, su sonrisa enorme, su manera de tocar el tambor como si conversara, su humor permanente. Para los lectores que crecieron con sus canciones y para los que apenas lo están descubriendo ahora, la noticia de los disco inéditos es una manera de seguir teniéndolo cerca. Personalmente, mientras leía el relato de Lucila y repasaba cada uno de los momentos que describió, sentí que se cerraba una vida enorme y, al mismo tiempo, se abría una puerta inesperada: la de un músico que se despidió en paz y que, sin embargo, todavía tiene mucho para decir.
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