San Isidro, septiembre y 36 testigos: el casamiento chico y simbólico de Julieta Prandi y Emanuel Ortega
La conductora y el músico dieron el sí civil en una jornada discreta, rodeados de familia y amigos íntimos. El detalle del vestuario, la propuesta de matrimonio y los recuerdos de un vínculo que empezó en 2020, durante la pandemia.

Hay una foto de mi archivo mental que vuelve cada vez que alguien me habla de casamientos por civil: el pasillo de un Registro, las cámaras afuera, la gente apretándose contra el cordón policial para ver quién sale. Esta vez, sin embargo, la escena fue mucho más chica. Este martes 15 de septiembre, en el Registro Civil de San Isidro, Julieta Prandi y Emanuel Ortega formalizaron una relación que, según confesaron ellos mismos, ya estaba construida desde hacía tiempo. La ceremonia fue íntima: 36 invitados, contados uno por uno por la propia conductora al salir.
Un casamiento más simbólico que legal, según sus protagonistas
Lo que más llamó la atención de las declaraciones posteriores no fue el lugar ni la fecha, sino la manera en que ambos describieron la decisión. Prandi fue clara al explicar qué lugar tenía ese trámite para la pareja: "Es más un símbolo, no nos cambiaba nada porque nosotros elegimos estar juntos. Vivimos juntos hace tiempo". Esa frase, pronunciada todavía con la sonrisa del recién casada, dejó en evidencia que el papel no cambiaba nada esencial: lo que se firmaba era, sobre todo, un deseo romántico.
Por eso no sorprendió que ella misma reconociera, en otra parte de la charla con la prensa, que era "más romántica" y que casarse era "mi sueño". El músico, en tanto, agregó un dato que muchos esperaban: confirmó que fue él quien le propuso matrimonio a la conductora, y agradeció las muestras de cariño recibidas durante la jornada.
La familia y los avisos con poca anticipación
A la cita llegaron los afectos más cercanos. Entre los presentes estuvieron los padres del músico, Palito Ortega y Evangelina Salazar, y el hermano del novio, Martín Ortega. La lista, según contó la propia Prandi, se armó con una consigna precisa: querían una reunión "chica y en familia". Por eso avisaron a los invitados con muy poca anticipación, buscando evitar cualquier tipo de filtración o exposición pública de la fecha.
Traje de seda blanco, ramo y un anillo que no se vio
Como es habitual en estos casos, el vestuario también dio que hablar. Prandi eligió un conjunto de seda blanco: un blazer amplio acompañado por un top del mismo tono. Contó que no había encargado el diseño a ningún modisto, aunque sí se tomó el trabajo de mandar a preparar el ramo. Completó el look con unos aros azules que le había regalado una amiga. Emanuel Ortega, en tanto, resolvió su elección de manera más doméstica: miró el pronóstico del tiempo y revisó qué tenía en el placard antes de decidirse.
Cómo arrancó la historia
Para entender este final feliz conviene retrotraerse al año 2020, cuando el país estaba en plena cuarentena estricta. La pareja se conoció a mediados de ese año, en pleno aislamiento. Los primeros contactos fueron por mensajes directos en Instagram, y de ahí pasaron a llamadas cada vez más largas. El primer encuentro presencial fue el 13 de agosto de 2020. Con el tiempo, decidieron convivir y armaron una familia ensamblada, algo que ambos han mencionado en otras oportunidades como un paso importante de la relación.
Lo que viene: luna de miel y nada de despedida
La conductora aclaró, además, dos cosas que suelen aparecer en cualquier cobertura de casamientos: no hubo despedida de soltera, y tienen previsto un viaje de luna de miel, aunque sin precisar el destino ni la fecha. "Cuando definamos, lo vamos a contar", deslizó Prandi, manteniendo el mismo tono discreto que tuvieron durante toda la jornada.
Yo, que cubrí decenas de bodas multitudinarias y otras tantas ceremonias express, me quedo pensando en el valor que le dan hoy algunas parejas a lo simbólico. Prandi lo dijo con todas las letras: "Si se quiere, yo soy más romántica y era mi sueño casarme". Sentí, mientras leía sus declaraciones, que el civil de San Isidro fue menos un trámite y más un modo de ponerle palabras y firma a algo que ya existía en la mesa, en el living y en los proyectos compartidos. Y, para esta periodista que creció mirando a Palito Ortega en la televisión de su casa, ver al músico despedir a su hijo con una sonrisa al sol de septiembre fue, sin dudas, la imagen del día.
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