Jueves, 17 de septiembre de 2026
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Voces de Santa Cruz

Sangre, polvo y hermanas: vuelve «City of Blood», la distopía vampírica berlinesa de Disney+

La serie adapta una novela gráfica de Reinhard Kleist y Tobias O. Meißner y propone un Berlín futuro, fragmentado y sin agua, donde dos hermanas separadas en la infancia deben encontrarse de nuevo mientras el negocio ilegal de la sangre mueve los hilos del poder.

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Celeste AlmonacidCultura y patrimonio · 16 DE SEPT DE 2026 · 2 min de lectura

En el Berlín de 2027 que imaginan los creadores de «City of Blood» no quedan plazas ni turistas: lo que hay es polvo, calor insoportable y una pandemia que vació al país. Esa es la postal de arranque de la serie que Disney+ acaba de estrenar y que adapta la novela gráfica de Reinhard Kleist y Tobias O. Meißner, una historia que mezcla drama familiar, fantasía oscura y ciencia ficción distópica en ocho episodios pensados para maratonear.

Las protagonistas son dos hermanas que fueron separadas cuando eran chicas. Bea, la mayor, creció al resguardo de su madre adoptiva, en uno de esos barrios cerrados bajo enormes cúpulas con aire acondicionado donde viven los sectores acomodados de una Alemania partida en estados independientes. Phoebe, en cambio, aprendió a moverse en la otra cara de la ciudad: calles sin agua potable, cortes de luz rotativos y un sol que cae como castigo sobre los cuerpos que no pueden permitirse refugio.

Un mercado clandestino que mueve el mundo

En ese Berlín la sangre dejó de ser una metáfora para convertirse en mercancía. Los vampiros, que necesitan beberla y están obligados a esconderse del sol, se hicieron cargo de buena parte de las redes delictivas y ahora quieren dar el salto hacia la política. Comerciar con sangre humana en forma ilegal es, a la vez, su forma de supervivencia y la llave que les abre las puertas del poder. La serie muestra cómo ese tráfico alimenta negocios paralelos, ajusta cuentas entre clanes y termina definiendo qué se puede hacer y qué no en los suburbios.

La narración avanza con ritmo pausado: los primeros capítulos se toman su tiempo para presentar a cada personaje, dibujar los distintos territorios de la ciudad y dejar que el espectador se ubique antes de que las tramas se crucen. Aparecen los vínculos familiares, las maniobras de las organizaciones criminales y la vida cotidiana en los barrios más castigados, donde la supervivencia se negocia todos los días. Recién después de ese trabajo de worldbuilding, la historia de las dos hermanas se conecta con el resto y la serie empieza a tomar velocidad.

Me tocó verla de corrido y confieso que me dejó una sensación rara: la de estar mirando un espejo deformado de cuestiones que ya tenemos entre nosotros, como la brecha entre quienes tienen servicios básicos garantizados y quienes viven a merced del clima y del mercado. Las cúpulas con aire acondicionado, las colas por el agua, el negocio clandestino alrededor de un recurso escaso: todo suena demasiado cercano como para tomarlo solo como fantasía. «City of Blood» no inventa nada que no hayamos leído en algún diario, solo le agrega colmillos y, en ese cruce, se las arregla para interpelarnos desde un lugar incómodo.

CA
Celeste AlmonacidCultura y patrimonio

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