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Domingo, 11 de octubre de 2026
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Voces de Santa Cruz

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Sarah, la hija de Barby Franco y Fernando Burlando, viajó en el tiempo hasta sus raíces y volvió con un pasaporte europeo en la mano

La niña recibió la ciudadanía italiana por descendencia después de años de trámites consulares y revisión de papeles. Su madre lo celebró en redes con una carta en la que repasó el camino y describió el documento como historia viva de la familia.

CA
Celeste AlmonacidCultura y patrimonio · · 3 min de lectura
Sarah, la hija de Barby Franco y Fernando Burlando, viajó en el tiempo hasta sus raíces y volvió con un pasaporte europeo en la mano

Corría el año 2025 cuando Sarah, la hija de la modelo Barby Franco y el abogado Fernando Burlando, levantó por primera vez un pasaporte que no era el argentino: era italiano, azul marino con letras doradas, y lo sostuvo con las dos manos mientras su papá la alzaba en brazos. Detrás de esa imagen, que la modelo difundió en sus redes sociales, había un recorrido que se había iniciado mucho antes, cuando alguien de la familia se sentó a juntar partidas de nacimiento, certificados de matrimonio y traducciones juradas para demostrar un linaje que se estiraba hasta algún pueblo de la península itálica.

Yo sigo estos temas desde hace años y cada vez que una historia así llega a las redes me pasa lo mismo: me detengo a pensar en lo que significa pedir una ciudadanía que no es la propia, en las aulas de los consulados, en las colas que se forman antes del amanecer y en el ruido de una fotocopiadora que no para nunca. Porque obtener la ciudadanía italiana por descendencia no es un trámite cualquiera: es una investigación genealógica que puede extenderse generaciones hacia atrás y que, en muchos casos, demanda años de idas y vueltas hasta que un funcionario firma lo que el solicitante ya sabe desde el principio, que su sangre lleva un apellido que un día se embarcó en un barco hacia el sur.

La palabra de la madre

“Después de tantos años de lucha, finalmente llegó este día. Trámites, esperas interminables, papeles, paciencia y un camino que parecía no terminar más, hasta que llegó la confirmación.”Barby Franco

Franco acompañó el posteo con una carta pensada para su hija, no para la prensa, y en ella mezcló el alivio con la emoción de quien entiende lo que ese papel representa para una criatura que todavía no dimensiona todo lo que ese documento le habilitará. Para mí, que leí ese texto como lo lee cualquiera que haya esperado meses por un telegrama del consulado, lo más fuerte fue una frase que la madre escribió casi al pasar: hoy se abre una puerta más para vos, con nuevas oportunidades y un pedacito de tu historia reconocido para siempre. Esa es la idea que casi nunca se dice cuando se habla de ciudadanía por descendencia: que no se trata solamente de un documento para moverte por Europa, sino de un acto de reparación simbólica con quienes vinieron antes y nunca pudieron regresar.

Un trámite que parece nunca terminar

La ciudadanía italiana por descendencia se concede a hijos, nietos o bisnietos de ciudadanos italianos y, en la práctica, el proceso suele ser largo: hay que reconstruir un árbol familiar a partir de partidas que muchas veces están escritas a mano, conseguir las actas en comunas cerradas desde hace décadas, apostillar todo y luego esperar turnos que, en ciudades como Buenos Aires, pueden demorarse más de lo previsto. Sarah llegó a su documento después de años de gestión, y la propia Franco reconoció que el camino parecía no terminar más hasta que finalmente se recibió la confirmación. Ahora, con el pasaporte en la mano de la niña, queda la sensación compartida de que aquella espera valió la pena, no solo por el documento en sí, sino por todo lo que se aprendió sobre la propia familia en el intento.

CA
Celeste AlmonacidCultura y patrimonio

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