Septiembre en el jardín: cómo armar una huerta que conviva con las plantas ornamentales sin pelearse por el espacio
Tomate, albahaca y frutillas pueden compartir terreno con romero, laurel y taco de reina si se piensa antes el diseño, la luz y el riego. Una guía para ordenar la primavera y evitar errores que se pagan en verano.

La sala de espera de la casa de Norma, en las afueras de Morón, tiene una ventana que da al fondo de la parcela. Desde ahí se ve, todavía pelado, el cerco de laurel comestible que su marido plantó hace tres años para tapar el ténder de la ropa, y al lado, una hilera de macetas con plantines de tomate y albahaca que trajo del vivero el primer fin de semana de septiembre. "Yo antes pensaba que la huerta iba en un rincón y el jardín en otro, como si fueran mundos separados —me cuenta Norma, 52 años, mientras mira por la ventana—. Pero este año me animé a mezclarlos, y la verdad es que le cambia la cara al patio entero". Como ella, cada vez más familias argentinas aprovechan septiembre para rediseñar el espacio verde y sumar alimentos a la vista cotidiana, sin resignar las flores ni el orden del jardín.
Pensar el espacio antes de elegir qué sembrar
Antes de comprar semillas o plantines, conviene hacerse una pregunta tan simple como decisiva: para qué va a servir ese rincón del jardín. Una huerta puede ocupar una franja junto a la galería, formar parte del paisaje que se ve desde la cocina o incluso reemplazar parte del césped. Pero para que esa combinación funcione y no termine en un mar de plantas que se hacen sombra entre sí, el diseño tiene que contemplar tres variables inseparables: cuánto crecerá cada especie, dónde recibirá sol directo y qué tan cerca queda una canilla.
La salida del sol en la Argentina es por el este y se pone por el oeste, pero el norte es el sector que más horas de luz concentra a lo largo del día. Las plantas de huerta necesitan, como mínimo, medio día de exposición solar directa para producir frutos y hojas en cantidad razonable. Identificar ese sector del jardín es el primer paso antes de clavar la primera estaca.
- Ubicar el sector con mayor asoleamiento (en la Argentina, mirar hacia el norte).
- Tener una toma de agua cerca: en primavera y verano la evaporación y la transpiración de las plantas se disparan y el riego pasa de ser una tarea puntual a una rutina diaria.
- Calcular el tamaño que alcanzará cada especie adulta, porque un laurel comestible o un romero pueden tapar cultivos más bajos si no se los ubica a la distancia correcta.
- Reservar sectores libres que sirvan de conexión entre la huerta y el resto del jardín, para poder circular, cosechar y mantener el espacio sin pisar las plantas.
Plantas que duran varios años y cultivos que se renuevan cada temporada
Una de las claves para que la huerta no se convierta cada año en una obra nueva es combinar dos tipos de vegetación. Por un lado, las plantas perennes, que permanecen en el lugar varias temporadas y le dan estructura al conjunto: romero, tomillo, orégano y laurel comestible son clásicos de la cocina argentina y toleran bien el clima de buena parte del país. Por el otro, los cultivos de temporada, que se siembran y se cosechan dentro de un mismo ciclo y permiten renovar parte del paisaje cada año.
Septiembre es el mes ideal para sumar los segundos. La lista incluye tomate, albahaca, berenjena, lechuga y pepino, que pueden incorporarse como semillas o como plantines ya desarrollados, según el tiempo que tenga el jardinero y la paciencia que le quede. Las semillas resultan más económicas y permiten variedades que a veces no se consiguen en vivero; los plantines, en cambio, acortan los tiempos y garantizan plantas más avanzadas para quienes empezaron tarde.
Colores, formas y utilidades que van más allá de lo decorativo
Con la luz y el agua resueltas, se pueden repartir alturas, formas y colores pensando también en la función. El laurel comestible, por ejemplo, además de aportar hojas todo el año, sirve para armar un cerco vivo que oculta lo que no se quiere exhibir, como el tendedero o un depósito. Sobre un alambrado o una reja, el taco de reina —también conocido como capuchina— ofrece flores amarillas, anaranjadas o rojizas y, de yapa, sus hojas y flores son comestibles y suman sabor a ensaladas de primavera.
La frutilla, en cambio, necesita una protección específica: una red contra los pájaros que, si se la ubica fuera del primer plano visual, se integra al diseño sin romper la estética. En el suelo o en macetas, incorporar compost y humus de lombriz mejora la estructura de la tierra y aporta nutrientes de manera gradual, clave para que los cultivos de temporada rindan sin necesidad de fertilizantes químicos.
El cuidado cotidiano: lo que se aplica en el jardín termina en la mesa
Cuando en un mismo espacio conviven plantas ornamentales y cultivos para consumo, el mantenimiento deja de ser un tema puramente estético. Cualquier producto fitosanitario que se use en el sector —insecticida, fungicida, repelente— tiene que estar aprobado para cultivos comestibles, incluso cuando se aplique sobre una planta ornamental cercana. La regla es simple: si la comida sale de ahí, todo lo que se vuele o se escurra puede terminar en el plato.
Norma, mientras prepara un té junto a la ventana, me dice que lo que más le gusta de esta nueva organización es que ahora cosechar y mirar el jardín son la misma actividad. "Cuando vienen mis nietos —cuenta, 52 años—, les digo que la flor naranja ésa se come, y se quedan con los ojos abiertos. Lo que uno espera es que entiendan que la comida no nace en una bolsa del supermercado, sino al lado de la ventana de la casa". Como ella, miles de familias argentinas empiezan a descubrir que una huerta bien pensada puede ser, al mismo tiempo, un jardín, una despensa y una manera de mirar la primavera.
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