Viernes, 28 de agosto de 2026
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Voces de Santa Cruz

Siete de cada diez jóvenes argentinos de 18 a 25 años quedan afuera del mercado laboral formal

Un informe de la UCA y datos de una consultora privada muestran un escenario donde la inserción plena es la excepción, la informalidad y la inactividad dominan, y el nivel socioeconómico del hogar define casi todo.

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Hernán OyarzúnPetróleo y energía · 27 DE AGO DE 2026 · 3 min de lectura

Apenas el 30,2 por ciento de los jóvenes argentinos de entre 18 y 25 años cuenta con un empleo de características regulares, y dentro de ese universo la mitad trabaja en condiciones precarias. La fotografía surge del último relevamiento del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina, que describió un mercado laboral juvenil fragmentado, atravesado por la informalidad, el desempleo y la inactividad, y donde el punto de partida familiar opera como filtro principal.

El cuadro de situación que describen los especialistas es elocuente por sus números. Solo el 14,2 por ciento accede a un empleo pleno con cobertura y estabilidad. El 22,5 por ciento se mueve entre changas, tareas eventuales o intermitentes y episodios recientes de unemployment. Un 10,7 por ciento acumula más de seis meses sin trabajo, y un 36,6 por ciento directamente no busca ni ejerce actividad laboral. En el yacimiento se sabe que esa masa de inactivos no responde a una decisión voluntaria: refleja la falta de oportunidades y, en muchos casos, la necesidad de generar ingresos en la economía informal para complementar los aportes del hogar.

El estrato social como variable determinante

La radiografía del ODSA muestra que el origen socioeconómico condiciona cada tramo del recorrido juvenil. El 20,7 por ciento de los jóvenes no estudia ni trabaja, pero esa proporción trepa al 34,2 por ciento en el estrato muy bajo y cae al 8,3 por ciento en el medio alto. La posibilidad de dedicarse exclusivamente a estudiar también se distribuye de manera regresiva: el 41,2 por ciento de los jóvenes del estrato medio alto solo estudia, contra apenas el 15,6 por ciento del estrato muy bajo. Apenas el 13 por ciento de los jóvenes logra compatibilizar estudio y trabajo.

El peso del empleo del principal sostén económico del hogar aparece como otro factor clave. Cuando ese adulto cuenta con un empleo pleno, las chances del joven de sostenerse dentro del sistema educativo aumentan. Cuando predominan la precariedad o el unemployment en la casa, crece la probabilidad de que el joven tampoco estudie ni trabaje. El propio Observatorio advierte, no obstante, que un empleo protegido del jefe o jefa de hogar no alcanza a borrar la desventaja asociada a una posición socioeconómica baja.

  • Empleo pleno: 14,2 por ciento de los jóvenes.
  • Empleo regular precario: 16 por ciento dentro del 30,2 por ciento con trabajo.
  • Changas, tareas intermitentes o unemployment reciente: 22,5 por ciento.
  • Más de seis meses sin trabajo: 10,7 por ciento.
  • Inactividad total: 36,6 por ciento.
  • Solo estudia: 41,2 por ciento en estrato medio alto contra 15,6 por ciento en estrato muy bajo.
  • No estudia ni trabaja: 20,7 por ciento en el promedio general.

El impacto sobre los ingresos y la pregunta abierta

La consecuencia sobre los bolsillos es directa. Según un estudio reciente de la consultora Zentrix, el 85,5 por ciento de los jóvenes de entre 18 y 39 años llega al día 20 del mes sin dinero disponible, frente al 60,6 por ciento de quienes tienen entre 40 y 59 años. La menor antigüedad laboral, la mayor incidencia de la informalidad y los salarios de entrada explican buena parte de esa brecha. La inserción irregular sin estudio trepa del 4,9 al 26,8 por ciento entre el estrato medio alto y el muy bajo, y quienes no estudian ni trabajan pasan del 13,3 al 30,5 por ciento cuando el jefe o jefa de hogar pasa de un empleo pleno a una situación de subempleo o unemployment inestable.

El cuadro deja planteado un interrogante que excede a las estadísticas: qué cambios haría falta ver en el mercado laboral para que los jóvenes puedan sostener trabajo y estudio al mismo tiempo, en lugar de quedar atrapados entre la informalidad y la inactividad. La magnitud del problema y la regresividad que muestran los datos obligan a discutir políticas de inserción con la misma seriedad con la que se discuten los indicadores de actividad. La regalía que dejó esta discusión, vale recordarlo, todavía está pendiente.

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Hernán OyarzúnPetróleo y energía

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