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Sobrecarga intensa en cuatro de cada diez cuidadores principales: lo que dejó una encuesta de la Universidad Austral

Un relevamiento sobre 120 personas que asumen la responsabilidad central de asistir a un familiar muestra que el descanso, los proyectos personales y el trabajo remunerado quedan en jaque, sobre todo entre las mujeres. Los datos, recogidos entre octubre de 2025 y abril de 2026, abren el debate sobre la calidad del apoyo y la necesidad de licencias más accesibles.

MM
Marta MansillaSociedad y salud · · 4 min de lectura
Sobrecarga intensa en cuatro de cada diez cuidadores principales: lo que dejó una encuesta de la Universidad Austral

Me toca empezar esta nota como tantas veces: sentada en la sala de espera de un consultorio, mientras una señora repasa en voz baja la lista de medicamentos que le toca controlar a su marido y un señor de unos cincuenta y tantos anota en el margen de una receta la próxima fecha del turno con el neurólogo. Esa escena, que se repite en barrios y ciudades de todo el país, fue el punto de partida que tuve en mente al leer el informe de la Universidad Austral que acaba de difundirse y que vuelve a poner el tema del cuidado familiar en el centro de la agenda, porque la sobrecarga intensa alcanza al 40,8 por ciento de quienes asumen el rol principal y otro 19,2 por ciento adicional la vive en grados moderado o leve, de modo que seis de cada diez cuidadores principales arrastran algún nivel de agotamiento que, según la propia investigación, requiere intervención.

El relevamiento se hizo por internet entre octubre de 2025 y abril de 2026 y reunió a 1.028 personas mayores de 18 años residentes en la Argentina. Una de cada cinco, exactamente el 20,4 por ciento, reconoció que cuidaba a un familiar. Dentro de ese universo, las mujeres asumían la responsabilidad principal en el 60,6 por ciento de los casos y los varones en el 44,4 por ciento, una diferencia que no es menor porque el resto de los indicadores se inclina de manera consistente hacia ellas: el 54 por ciento de las cuidadoras principales dijo que esa tarea le impedía descansar lo suficiente, frente al 30 por ciento de los cuidadores varones, y el 44 por ciento de ellas afirmó que limitaba sus proyectos personales, mientras que entre ellos esa proporción apenas llegaba al 10 por ciento.

Qué midió la escala de Zarit y por qué la cifra preocupa

Para dimensionar el desgaste, los investigadores evaluaron a 120 cuidadores principales con la escala de Zarit, un cuestionario validado de 22 ítems que recorre dimensiones como la salud, la economía, la vida social, la relación con la persona cuidada y el bienestar emocional. Los resultados mostraron que el 60 por ciento atravesaba algún grado de sobrecarga y que, dentro de ese grupo, el 40,8 por ciento alcanzaba la categoría intensa, la que el propio informe consideró merecedora de una intervención concreta, ya sea psicológica, social o familiar. La franja etaria más afectada se concentró entre los 36 y los 59 años, justamente la población que suele compatibilizar el cuidado con un empleo y con hijos a cargo.

Un punto que me llamó la atención y que vale la pena subrayar es que la sobrecarga intensa apareció con la misma proporción, alrededor del 40 por ciento, tanto entre quienes dijeron recibir ayuda como entre quienes dijeron no tenerla. Esa paridad, lejos de desmentir la importancia del acompañamiento, llevó a los autores a sostener que importa la calidad del apoyo y no solamente su existencia, porque no es lo mismo contar con alguien que acerque una medicación que con alguien que se siente un rato a escuchar cómo viene la semana.

El trabajo remunerado, otro punto crítico

El cuidado tampoco se desarrolla en el vacío laboral: el 75 por ciento de quienes cuidaban tenía además un trabajo remunerado. Sin embargo, las herramientas disponibles para compatibilizar ambas responsabilidades variaron de manera marcada según la modalidad de contratación. El acceso promedio a licencias y prestaciones como maternidad, paternidad, enfermedad de un familiar, eventos familiares y guardería fue del 53,7 por ciento entre los trabajadores formales, del 17,1 por ciento entre los informales y apenas del 9,5 por ciento entre los independientes, una brecha que explica en buena parte por qué la sobrecarga se concentra en los hogares con menor cobertura institucional.

  • Mujeres cuidadoras principales: 60,6% del total de cuidadoras; 54% reportó descanso insuficiente y 44% vio limitados sus proyectos personales.
  • Varones cuidadores principales: 44,4% del total de cuidadores; 30% reportó problemas de descanso y 10% vio limitados sus proyectos personales.
  • Sobrecarga medida con la escala de Zarit en 120 cuidadores principales: 60% con algún grado y 40,8% con nivel intenso.
  • Acceso a licencias y prestaciones: 53,7% en formales, 17,1% en informales y 9,5% en independientes.
  • Aspectos gratificantes reconocidos por el 95,7% de los cuidadores: afecto recíproco, momentos compartidos y cambios logrados por la persona cuidada.

Antes de cerrar, quiero volver a la sala de espera del principio. La señora que repasaba la lista de medicamentos tiene 58 años, se llama Rosa, y me dijo que lo que más le pesa no son las pastillas ni los turnos, sino no poder dormir una noche entera desde hace dos años y haber dejado el curso de costura al que iba los sábados. Cuando le pregunté qué esperaba, me respondió, casi sin pensarlo, que ojalá alguien le preguntara cómo está ella, aunque sea una vez por semana. Esa frase, que no está en el informe pero tampoco le sería ajena, resume lo que la Universidad Austral puso en números: detrás de cada caso de sobrecarga intensa hay una persona que también necesita que alguien la cuide a ella.

MM
Marta MansillaSociedad y salud

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