Sábado, 5 de septiembre de 2026
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Voces de Santa Cruz

Sony y Warner llevan a Anthropic a la corte: la pelea por las letras que enseñan a pensar a la inteligencia artificial

Las editoriales musicales acusan a la creadora de Claude de bajar canciones por torrent para entrenar su modelo y piden 150.000 dólares por cada obra afectada. Anthropic se defiende diciendo que usa material publicado y que la demanda es un calco de otras que ya están en trámite.

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Marta MansillaSociedad y salud · 5 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Me imagino la sala de espera de un estudio jurídico en California, esa antesala donde uno repasa mentalmente las fotocopias mientras toma un café de máquina. Ahí, hace unos días, un grupo de abogados presentó una demanda que vuelve a poner a la inteligencia artificial frente a un problema conocido: de dónde aprende y con qué permiso.

Las divisiones editoriales de Sony y Warner acaban de iniciar un juicio federal en California contra Anthropic, la empresa detrás del chatbot Claude. Las compañías acusan a la firma de haberse bajado, nada menos que por torrent, cientos de letras de canciones y partituras protegidas para usarlas como material de entrenamiento. Entre los títulos afectados aparecen obras de The Beatles, Taylor Swift y Michael Jackson, además de composiciones de muchos otros artistas que el catálogo resguarda.

Dos líneas de ataque, una misma molestia

La demanda apunta en dos direcciones bien marcadas. Por un lado, las editoriales cuestionan el método: dicen que Anthropic se procuró el material de forma ilegal en lugar de sentarse a negociar licencias como hacen las empresas que quieren usar repertorio ajeno. Por el otro, señalan un efecto directo en el producto: sostienen que Claude es capaz de devolver letras protegidas casi textuales cuando un usuario se lo pide, y que además fue entrenado para generar letras nuevas que terminan compitiendo en el mercado con las obras originales, como si fueran un sustituto.

  • Origen del material: las editoriales afirman que Anthropic obtuvo las letras y partituras mediante descargas por torrent, sin autorización de los titulares.
  • Reproducción textual: según la demanda, Claude puede repetir letras protegidas casi de manera exacta cuando se lo solicitan.
  • Competencia desleal: las compañías argumentan que el modelo fue entrenado para producir nuevas letras que funcionan como reemplazo de las originales.
  • Pedido económico: reclaman 150.000 dólares por cada obra supuestamente infringida.
  • Pretensión cautelar: piden además una orden judicial para impedir que Anthropic siga usando su catálogo.

Del otro lado de la mesa, Anthropic no se quedó callada. Un vocero de la empresa calificó la presentación como la tercera demanda de los mismos abogados, acusándolos de reciclar argumentos de casos que ya están dando vueltas en los tribunales. La compañía afirma que se va a defender con firmeza y que entrenar modelos con material publicado constituye, a su entender, un uso legítimo bajo la legislación vigente. Es la misma línea que viene sosteniendo la industria de la inteligencia artificial frente a casi todos los juicios de este tipo: lo que está en internet, dicen, se puede leer.

Una historia que se repite y un acuerdo que no asustó a nadie

El caso, en realidad, no es el primero que enfrenta Anthropic en este terreno. Universal Music Group la demandó en 2023 y volvió a la carga a principios de este año. En 2024, además, la empresa firmó un acuerdo cercano a los 1.500 millones de dólares para cerrar una demanda colectiva de autores. Ese arreglo, precisamente, es uno de los argumentos centrales de Sony y Warner: las editoriales sostienen que esa suma no le movió el amperímetro a una compañía valuada en unos dos billones de dólares. El texto de la demanda es filoso y casi calcado de un comentario de vecino indignado: Anthropic considera claramente que esto es simplemente el costo de hacer negocios, escribieron los abogados, y agregaron que 1.500 millones no alcanza como disuasión cuando la empresa vale esa cifra astronómica.

A esta altura, con varios juicios abiertos y acuerdos de por medio, lo que se juega en los tribunales californianos termina saliendo del chat y entra en la vida cotidiana de cualquiera que escucha música en el colectivo o tararea un tema en la cocina. Jorge, un porteño de 52 años que conozco de toda la vida y que sigue escuchando cassettes en el auto, me decía el otro día que no terminaba de entender de qué se queja la gente, pero que si a una máquina le enseñan con lo tuyo sin pedirte permiso, algo está mal. Y eso, traducido al lenguaje de los abogados, es exactamente lo que están discutiendo en California: quién paga, quién pide permiso y quién decide qué se puede leer y qué no cuando se entrena una inteligencia artificial.

MM
Marta MansillaSociedad y salud

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