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Tirante, el pibe que le ganó a Djokovic y ahora mira al US Open desde el Top 50

El argentino venció al serbio en Cincinnati, trepó al puesto 42 del ranking y se metió en cuartos de un Masters 1000. Detrás del golpe hay un cambio de raqueta, dos psicólogos y una derrota en Corea que lo marcó más que cualquier victoria.

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Ignacio VillarroelDeportes · 27 DE AGO DE 2026 · 3 min de lectura

Dicen que el viento en Cincinnati no deja jugar a nadie. Habría que preguntarle a Thiago Tirante, que le dio igual el aire, la historia y los 24 títulos de Grand Slam del otro lado de la red. El argentino se cargó a Novak Djokovic en segunda ronda del Masters 1000, se metió entre los ocho mejores y el lunes amaneció en el puesto 42 del ranking ATP, la mejor marca de su carrera.

El partido: un primer set para el olvido y un segundo set que duró una vida

Arrancó tieso, claro. Tirante entró al court central con la lógica tensión de un pibe que sabe que enfrente tiene a Djokovic y detrás a un público que, digamos, no estaba exactamente a favor. El primer set se le escapó sin encontrarle la vuelta a la pelota. Hasta que en el segundo pasó algo raro: un game que se estiró cerca de 18 minutos, de esos que parecen no terminar nunca, fue el punto de quiebre. Ahí se soltó. Empezó a jugar como juega siempre y dejó de mirar al nombre que tenía enfrente.

Cuando se quedó con ese set y el partido quedó 1-1, el escenario se dio vuelta. La frase que se repitió en su cabeza fue simple: acá está todo empatado, vamos a un tercero y que gane el que maneje mejor los momentos importantes. El tercero fue, según sus propias palabras, el mejor set que jugó en toda la noche. La confianza fue creciendo game a game hasta que llegó el punto final.

El cruce en la red: breve, cálido y a otra cosa

El protocolo de siempre. Djokovic lo felicitó por la victoria, le deseó suerte en lo que venía y Tirante, todavía con el corazón a mil, le agradeció todo lo que hizo por el tenis y le dijo que había sido un placer compartir la cancha con él. Poco más. Las emociones estaban arriba y ninguno de los dos tenía ganas de estirar la charla.

Por qué ahora: raqueta nueva, cabeza nueva

Tirante no se sube al caballo del resultado aislado. Admite que el salto de nivel se explica por varias cosas a la vez, y las enumera con la claridad de quien lleva tiempo trabajando en serio. Lo concreto:

  • Cambio de raqueta: dejó el modelo Blade, que sentía demasiado rígido para su estilo, y se pasó a uno que le da más efecto y potencia. La decisión se tomó después de una semana de prueba que dio resultados.
  • Dos psicólogos deportivos en el equipo, una decisión que apunta más a la cabeza que al brazo.
  • Más foco en el propio proceso y menos antena prendida en lo que hacen los rivales.

Corea, la derrota que terminó sirviendo

Hay un partido que Tirante no gana pero que le terminó haciendo un favor enorme: la serie de Copa Davis en Corea del Sur. Fue como primera raqueta, cargó con la presión del equipo y la cosa no salió. Superficie desconocida, rapidísima, estadio en contra. Una paliza en lo numérico, pero un punto de inflexión en lo mental. Según sus propias palabras, crecer adentro de la cancha en ese contexto le terminó sirviendo más que cualquier victoria cómoda.

Con el 42 del mundo bajo el brazo y el boleto a cuartos de Cincinnati todavía caliente, el próximo objetivo ya está a la vista: el US Open. La que viene, en Flushing Meadows, con otra cancha y otra historia. Habrá que ver si el viento, esta vez, lo deja jugar.

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Ignacio VillarroelDeportes

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