Treinta y siete pibes de sexto año de la EPET 17 viajan el lunes a Buenos Aires a ver cómo se hace un auto de verdad, y todavía están juntando la plata para dormir y comer
Alumnos de autotrónica de Neuquén vendieron pollos, sortearon premios y armaron bingos durante meses para pagar los pasajes a una visita a la planta de Ford en General Pacheco. Ahora corren contra el reloj para cubrir alrededor de quince millones de pesos que faltan antes del despegue, y cualquier vecino puede ayudar con una transferencia al alias bingo.epet17.

Me acerco hasta el taller que la EPET 17 tiene en el barrio Gregorio Álvarez, en Neuquén, y lo primero que aparece es ese elevador para vehículos que parece sacado de una concesionaria real, con sus herramientas ordenadas a los costados y una mesa larga donde los chicos dejan sus carpetas de autotrónica abiertas. Ahí, entre el ruido de las tareas que se terminaron hace un rato, me cuentan que el lunes próximo un micro los va a llevar hasta el aeropuerto y de ahí van a volar a Buenos Aires, todos juntos, treinta y siete estudiantes de sexto año, cuatro profesores y una preceptora. La mochila que llevan no es cualquiera: hace meses que la comunidad educativa de la escuela viene juntando fondos para que puedan hacer un viaje de estudios a plantas industriales relacionadas con la especialidad que ellos eligieron, autotrónica, que es básicamente la parte electrónica de los autos, la que hoy decide si un vehículo arranca, frena o se comunica con satélites.
El viaje, me explican con la tranquilidad de quien lo planeó con tiempo, arrancó a organizarse a mediados de año y su columna vertebral son dos visitas técnicas muy concretas: la planta de Ford en General Pacheco, en la provincia de Buenos Aires, donde van a ver una línea de montaje en escala industrial, y una fábrica de cajas de cambio en Bella Vista, donde se hace un componente clave de cualquier auto. Para estos pibes, que ya cursan el último año del ciclo superior y que muchos de ellos ya pasaron por pasantías en talleres y concesionarias, pisar una fábrica no es una salida turística: es ver funcionando en grande los sistemas que durante años estudiaron sobre un banco de trabajo. Es la diferencia, me dijo uno de los docentes, entre mirar un plano y ver la cadena entera montándose.
Un esfuerzo vecinal que ya pagó pasajes y micros
Lo que se nota cuando uno se queda charlando en la puerta de la escuela es que acá no hubo un magical ni una empresa que bajara la plata de un día para otro. Lo que hubo fue la clásica usina de una comunidad educativa del interior: bingos solidarios, venta de pollos asados, sorteos durante meses, rifas en los actos escolares y aportes de las familias. Patricio Fontenla, maestro de enseñanza práctica de Autotrónica, fue uno de los docentes que encabezó la organización junto con sus compañeros y con los propios padres. El resultado, según lo que me cuentan y según lo que se ve en los papeles que llevan a las reuniones, es que ya están pagados los pasajes de avión de ida y vuelta, los micros de traslado en Buenos Aires y la mitad del alojamiento. Eso no es poco para una escuela técnica pública: es muchísimo, y se nota el sacrificio.
Pero todavía falta. Lo que queda por cubrir ronda los quince o dieciséis millones de pesos, un número que sirve para pagar el resto del hospedaje, los almuerzos de los chicos y los traslados extras que puedan aparecer durante los cuatro días que van a estar fuera. Y acá aparece la parte de la historia que más me moviliza, porque el reloj ya marca el lunes y la plata tiene que aparecer antes.
Cómo ayudar antes del lunes
- Alias para transferir: bingo.epet17, cuenta a nombre de Claudia Arrieta.
- Se puede donar cualquier monto, por chico que parezca, porque entre todos se completa lo que falta.
- Además de las visitas técnicas, el viaje incluye el Museo del Automóvil Club Argentino, el Obelisco y la Casa Rosada.
- Para varios de los jóvenes será la primera vez en Buenos Aires, y para algunos, la primera vez en un avión.
“Para estos pibes que ya hicieron pasantías y están en la última recta de la técnica, pisar la planta de Ford y una fábrica de cajas de cambio es ver la cadena entera que ellos vienen estudiando en bancos de trabajo del barrio Gregorio Álvarez. Es la diferencia entre mirar un plano y ver la línea montándose.”Docente de la EPET 17
Antes de irme, me cruzo con Sebastián, un papá de 45 años que está cargando unas cajas con material para el viaje y que me dice, mientras acomoda un matafuegos en el rincón del taller, que para su hijo, que cursa sexto y ya hizo una pasantía en un taller de la zona, este viaje significa entender para qué sirvió cada materia que rindió, cada práctica que rindió a contramano de los horarios, cada sachet de aceite que terminó cambiando en el aula-taller. Sebastián, como cualquier vecino de Neuquén que se entera de lo que hacen estos pibes, quiere que lo único que los frene el lunes sea el espacio en la bodega del avión, no la plata para dormir. Por eso abre las puertas de su casa y de su teléfono a quien quiera sumarse con una transferencia, aunque sea chica, a la cuenta que la propia escuela puso a disposición para juntar lo que falta. Cada donación, me repite, es un pedacito más de autopista para treinta y siete pibes que eligen la técnica y que el lunes van a estar mirando de cerca cómo se hace, en serio, un auto argentino.
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