Una huella en la sangre que se anticipa a la enfermedad intestinal y abre la puerta a diagnósticos más tempranos
Un estudio internacional identificó cambios inmunitarios detectables hasta diez años antes de los primeros síntomas de Crohn o colitis ulcerosa; los hallazgos, publicados en Gut, no permiten aún predecir quién enfermará pero marcan un camino hacia la detección precoz.

La sala de espera del consultorio gastroenterológico estaba tranquila aquel mediodía de martes, con apenas tres personas sentadas, una de ellas hojeando una receta vieja como quien relee una historia que ya conoce de memoria, y allí, mientras esperaba su turno para controlar una colitis que arrastra desde hace cinco años, Marta, de 52, me dijo algo que me quedó dando vueltas: "Si alguien me hubiera dicho esto antes, capaz hoy estaría contando otra cosa". La frase vuelve a la cabeza al leer el estudio que acaba de difundirse, porque pone en palabras una sospecha que muchos pacientes arrastran en silencio: que el cuerpo, de algún modo, ya sabía lo que venía.
La investigación, publicada en la revista Gut y presentada en una reunión de la Sociedad Europea Unida de Gastroenterología, trabajó con dos mil muestras de suero obtenidas durante años a quinientas personas, doscientas de las cuales terminaron siendo diagnosticadas con enfermedad de Crohn, otras doscientas con colitis ulcerosa, y cien que permanecieron sanas sirvieron como grupo de comparación. Los investigadores aplicaron una técnica de secuenciación muy sensible llamada PhIP-Seq, capaz de rastrear anticuerpos contra 357.000 fragmentos de proteínas de bacterias, virus, alimentos y componentes del propio organismo, con el objetivo de reconstruir qué estaba haciendo el sistema inmunitario antes de que apareciera el primer síntoma.
Hallazgos en Crohn
En quienes años después desarrollaron Crohn, el análisis mostró niveles más altos de anticuerpos contra el virus de Epstein-Barr hasta una década antes del diagnóstico, junto con respuestas elevadas contra las flagelinas, unas proteínas que usan ciertas bacterias para moverse. Lo llamativo es que esas señales fueron más intensas en los pacientes que después cursaron formas complicadas de la enfermedad o con compromiso del íleon, la parte final del intestino delgado, lo que sugiere que el sistema inmunológico ya mostraba una firma particular en sangre mucho antes de que la inflamación se hiciera visible en las endoscopias. Los autores aclaran que estos datos no prueban que el virus cause la enfermedad; marcan un terreno donde algo se estaba cocinando.
El caso de la colitis ulcerosa
Para la colitis ulcerosa, el perfil de anticuerpos fue otro: incluyó respuestas contra microorganismos y virus, pero también autoanticuerpos, es decir, anticuerpos dirigidos contra el propio cuerpo, entre ellos uno contra una proteína llamada MADD, que participa en procesos inflamatorios dentro de las células. Esa diferencia refuerza la idea, instalada hace tiempo en la especialidad, de que Crohn y colitis, aunque comparten síntomas visibles, transitan caminos inmunológicos bastante distintos.
Antes de cerrar la nota volví a pensar en Marta, la paciente de 52 años que conocí en esa sala de espera, que me dijo con la calma de quien ya pasó por todo que ella transitaría más tranquila esta nueva información si algún día la medicina pudiera decirle a alguien, aún sin síntoma alguno, que tiene el tiempo a favor, y añadió, mirándome fijo, "lo que uno quiere es que el próximo pibe que se enferme lo sepa antes que yo". Esa esperanza, hoy, tiene un poco más de forma.
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