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Viernes, 2 de octubre de 2026
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Una visita al consultorio que puede evitar un infarto: por qué conviene medirse la presión aunque uno se sienta bien

En la Argentina, casi cuatro de cada diez personas con hipertensión no saben que la tienen. Una médica clínica repasó los controles, los hábitos y las cifras que rodean a una enfermedad silenciosa que atraviesa todas las edades adultas.

MM
Marta MansillaSociedad y salud · · 5 min de lectura
Una visita al consultorio que puede evitar un infarto: por qué conviene medirse la presión aunque uno se sienta bien

La sala de espera del consultorio de la doctora Lucía está casi vacía a las ocho de la mañana. Hay un olor a café recién servido y una señora de unos cincuenta y tantos, Mirta, hojea una revista mientras le toman la presión. Me mira y dice, casi en tono de confesión, que ella fue al médico “porque le dolía la cabeza”, pero que su marido, que “está perfecto”, terminó allí de casualidad y le diagnosticaron hipertensión. “Tenía la presión por las nubes y nunca se había quejado de nada”, me dice Mirta, que tiene 54 años. Esa escena, tan común en cualquier barrio del conurbano o del interior, resume de manera muy gráfica por qué los cardiólogos insisten en algo tan sencillo como molesta: medirse la presión de manera regular.

Una enfermedad que avanza sin que el cuerpo avise

La hipertensión arterial es una de esas condiciones que pueden instalarse sin dar señales evidentes durante años. Como explica la médica clínica Lucía Ferraro, del Registro Nacional de Hipertensión Arterial, “muchos pacientes llegan al consultorio pensando que están bien, y se sorprenden cuando el tensiómetro marca valores altos. Lo que no se siente, no quiere decir que no esté ocurriendo”. Esa frase, que la especialista repite con frecuencia en sus charlas con la comunidad, apunta a una idea central: la única manera confiable de saber cómo está la presión es midiéndola. La medición es un procedimiento sencillo, no produce dolor y demanda apenas unos minutos, pero su verdadera utilidad está en identificar la presión elevada antes de que aparezcan complicaciones cardiovasculares que, en muchos casos, ya no avisan.

El problema, señala Ferraro, es que la cultura del control periódico todavía no terminó de instalarse. “En la Argentina solemos ir al médico cuando algo nos duele o nos preocupa, y con la hipertensión eso no alcanza: hay personas que se sienten perfectamente bien y tienen la presión por encima de 140/90, que es el umbral a partir del cual empezamos a hablar de hipertensión”, advierte. Y agrega que esa falta de síntomas es justamente lo que vuelve a la enfermedad tan riesgosa: cuando el cuerpo empieza a quejarse, a veces ya pasó mucho tiempo y el daño en arterias, corazón, riñón o cerebro puede estar avanzado.

Las cifras que dejó el último registro argentino

  • El Registro Nacional de Hipertensión Arterial indica que el 36,3% de los adultos mayores de 18 años en la Argentina tiene hipertensión, lo que representa alrededor de 12 millones de personas.
  • Casi cuatro de cada diez adultos hipertensos desconocen que lo son, porque nunca se midieron la presión o porque hace años que no se la controlan.
  • Entre quienes ya están en tratamiento, apenas alrededor del 44% logra mantener la presión en valores controlados, según los datos que maneja el equipo de Ferraro.
  • El segundo informe mundial sobre hipertensión arterial de la Organización Mundial de la Salud, publicado en 2025, estima que 1.400 millones de adultos en el mundo viven con presión elevada y solo uno de cada cinco la tiene controlada.

Esas cifras, que la especialista suele mostrar en sus encuentros con vecinos y en las capacitaciones que brinda en centros de salud, describen un fenómeno que excede a la Argentina y que la Organización Mundial de la Salud considera uno de los principales factores de riesgo de muerte cardiovascular en el mundo. El alcance del problema es enorme y, a la vez, profundamente cotidiano: cualquiera puede tener hipertensión sin saberlo, en cualquier punto del país, en cualquier estrato social y a cualquier edad adulta.

Qué se puede hacer en el día a día para cuidar la presión

Más allá de los medicamentos que muchos pacientes necesitan, Ferraro subraya que la hipertensión puede controlarse y, en muchos casos, prevenirse, a partir de cinco hábitos relativamente accesibles. Reducir la cantidad de sal que se consume a diario, sostener una alimentación equilibrada con verduras, frutas, legumbres y menos ultraprocesados, hacer actividad física de manera regular —incluso caminatas de treinta minutos la mayoría de los días—, atender el estrés crónico con espacios de descanso y buen sueño y, sobre todo, medirse la presión de forma periódica son las cinco patas de ese cuidado. “La medicación es importante cuando hace falta, pero los hábitos son los que marcan la diferencia a largo plazo. Y los controles son los que nos permiten saber si lo estamos haciendo bien”, resume la médica clínica. Detectar la hipertensión y conseguir que la presión se mantenga en niveles adecuados son, por lo tanto, dos caras de un mismo objetivo: evitar complicaciones como infartos y accidentes cerebrovasculares, que pueden dejar secuelas graves o incluso resultar fatales.

“Yo al médico voy cuando me duele algo, pero la presión no avisa. Cuando me la midieron y estaba alta, me asusté, y desde entonces me la controlo cada dos o tres meses en la farmacia del barrio. Ojalá me hubiera animado antes, así no se la había dejado pasar, ni se la dejo pasar a mi marido, que ahora también va.”Mirta (54 años, en la sala de espera)

Antes de cerrar la nota, le pregunté a Mirta qué esperaba ella de esta conversación tan simple en la sala de espera del consultorio de la doctora Lucía. Me dijo, mientras se acomodaba el llao del bolso y se preparaba para volver a su casa, que esperaba que más gente se anime a medirse la presión aunque se sienta bien, y que los hombres grandes, como su marido, que “no van al consultorio ni locos”, terminen entendiendo que un control a tiempo puede evitarles un infarto. Esa expectativa, que es también la de los equipos de salud que trabajan en todo el país, resume el espíritu de una campaña que no necesita grandes campañas, sino algo mucho más simple: un tensiómetro, unos minutos y la decisión de sentarse a medirse la presión aunque el cuerpo no esté pidiendo nada. ¿Qué lugar tienen los controles de presión en tu rutina de cuidado?

MM
Marta MansillaSociedad y salud

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