Vinilos a la vista: Pergolini rearmó el sótano de su programa con piezas impresas en 3D y discos que irán rotando
El conductor fabricó los soportes en su casa, los instaló en el estudio de No preguntes por Rusia y prepara cambios de tapas entre emisiones. La selección recorre a Spinetta, Pink Floyd, Prince y una edición japonesa de Nirvana.

Volver a un programa y encontrarlo cambiado forma parte de la rutina de cualquier televidente curioso, y en el caso de No preguntes por Rusia la sorpresa de esta temporada llegó de la mano de un detalle que no estaba ahí unos meses atrás. En el estudio desde donde Mario Pergolini conduce el ciclo desde el inicio de la temporada 2026, en ese subsuelo que él mismo describió en su momento como un “sótano prestado”, ahora se alza una estructura dedicada exclusivamente a exhibir vinilos. La diferencia, y es algo que el conductor se ocupó de remarcar al aire, es que los soportes de cada disco no salieron de una góndola de negocio ni de un catálogo de importadora: los fabricó él mismo con una impresora 3D.
La idea, según contó Pergolini, es que la selección de tapas pueda ir mutando entre una emisión y otra sin necesidad de desarmar el conjunto. Esa lógica de piezas intercambiables se nota apenas se mira el fondo: cada álbum se sostiene en una suerte de caballete plástico que parece hecho a medida, y que permite retirar y reponer los discos con la misma facilidad con la que se cambian libros en un estante. El sistema le dio al conductor margen para armar una vidriera musical que mezcla rock argentino, pop internacional y algunas piezas de colección que un ojo entrenado detecta rápido.
Un recorrido por las tapas que ya se vieron al aire
- Luis Alberto Spinetta, Peluson of milk, entre los primeros que el conductor señaló al pasar la cámara.
- Huey Lewis & The News, Fore!, como ejemplo del costado más pop del armado.
- Pink Floyd, Manu Chao y Babasónicos, en una mezcla de rock clásico, chanson latinoamericana y rock porteño.
- Un laserdisc de Prince, pieza poco habitual en la televisión actual, y una edición japonesa de Nirvana que llamó la atención por su rareza.
- Catupecu Machu, The Velvet Underground, The Rolling Stones, Los Tipitos y Barry Manilow en la franja media de la estructura.
- Los Piojos, AC/DC, Daniel Melingo, La Renga, Foo Fighters, Viejas Locas, Ataque 77 y Fito Páez, en el sector inferior, con el rock argentino bien presente.
El momento en el que la transformación se hizo pública al aire llegó de la mano de una pregunta y no de una explicación larga. Fue Nico Etevenaux, columnista del ciclo, el que reparó en los cambios y preguntó por el sector cercano a la figura de un Stormtrooper de Star Wars que convive con los discos en el mismo rincón. Tras un breve intercambio, el propio Pergolini reconoció la intervención, contó que la había hecho él y confirmó la vocación rotativa del montaje con una frase corta: “Los vamos a ir cambiando”. Esa sencilla declaración alcanza para entender que lo que se ve hoy es apenas una primera entrega de un fondo que seguirá modificándose.
“Los vamos a ir cambiando.”Mario Pergolini
Más allá de los vinilos, el resto del set mantiene la estética que el público ya asociaba con el programa. Siguen ahí las paredes oscuras y las luces azuladas que le dan al estudio esa sensación de bunker cultural, y a la par de los discos aparecen una guitarra colgada, un sillón, una mesa auxiliar, una lámpara de pie y un mueble con equipos y objetos de colección. En otra pared, una estantería con discos compactos completa un inventario que parece pensado para que la música se vea tanto como se escucha. En ese punto, lo que hizo Pergolini con su impresora 3D fue menos un ejercicio de diseño y más una declaración de amor por el formato físico en tiempos de playlists: si el vinilo ya casi no se escucha en la radio, al menos puede volver a las paredes de la televisión.
A mí, como oyente y como alguien que todavía guarda discos en cajas en un placard, me resultó conmovedor ver que un conductor con años de trayectoria al frente de ciclos masivos siga eligiendo poner los vinilos delante de cámara y no en un cajón. Hay algo de obstinación casi artesanal en fabricar uno mismo los soportes para mostrar esas tapas, y hay algo de ternura en admitirlo al aire, sin pompa, como quien cuenta que cambió una lámpara del living. Cada vez que Pergolini renueve la selección, quienes miren el programa van a tener un motivo nuevo para quedarse hasta el final y leer los títulos. Y eso, en una pantalla cada vez más limpia de objetos, ya es una pequeña victoria.
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