A los 14 ya imitaba a Lía Crucet en un cumpleaños: la historia detrás de Iván Ramírez, el humorista que ahora canta con su propia voz en la pantalla de Guido Kaczka
El artista que supo convertir personajes del espectáculo, del deporte y hasta de dibujos animados en su oficio diario aceptó un reto distinto: subirse a Es mi sueño sin prótesis, sin pelucas y sin maquillaje, con la sola compañía de su garganta. La movida lo encuentra además al frente de un ciclo de streaming, integrando un grupo viral y con una propuesta para desembarcar en Mar del Plata.

Tengo que confesar algo antes de empezar a contarles esta historia: cuando supe que Iván Ramírez iba a estar en Es mi sueño, lo primero que imaginé fue verlo disfrazado de alguien, como tantas veces me pasó a lo largo de los años viéndolo en distintos programas. Por eso me llamó tanto la atención la decisión que tomó, porque justamente de lo que se trata esta vez es de todo lo contrario, de mostrarse sin la máscara, sin el personaje, sin la peluca, sin la prótesis que durante cuatro horas le cambia el rostro y le obliga después a invertir otras dos en sacarse el maquillaje. Ramírez, el de las más de 150 imitaciones, el que puede ser Lía Crucet, un dibujo animado o un futbolista con la misma naturalidad con la que uno se pone una campera, aceptó subirse al concurso de Guido Kaczka para cantar con su propia voz, y eso, créanme, es una pequeña revolución dentro de su propio oficio.
La convocatoria lo agarró a contramano de lo que tenía pensado, porque él mismo reconoció que cuando le propusieron sumarse al programa imaginó que lo llamaban para hacer alguna intervención humorística, no para ocupar el lugar de concursante, un sitio que en su carrera siempre estuvo reservado para cuando imitaba a otro. La relación con Kaczka, además, viene de lejos y se remonta nada menos que al año 2009, cuando Ramírez tenía apenas 17 años y participó de Hacelo feliz interpretando a Dread Mar-I, un debut televisivo que le quedó guardado como una de sus primeras grandes postales. Esta vez, en cambio, el convite tenía otro color, porque lo invitaban a mostrarse él, sin recurrir al repertorio de voces ajenas que cultiva desde la adolescencia.
Una decisión que lo tomó por sorpresa y lo obligó a entrenar
Lo que más me interesa de todo esto, y se los digo con absoluta honestidad porque me parece un detalle que dice mucho de cómo se toma el laburo este tipo, es que Ramírez tomó clases de canto durante muchísimo tiempo, pero nunca había atravesado la experiencia de cantar frente a las cámaras con su voz real, sin esconderse detrás de un personaje. Esa es justamente la razón por la que ahora ensaya con el equipo de entrenamiento vocal del programa, un cuidado técnico que en su caso resulta todavía más necesario si se tiene en cuenta que su garganta está acostumbrada a los cambios bruscos que implica saltar de un registro a otro según a quien le toque interpretar. Y acá viene la frase que resume todo, la que él mismo repitió y que a mí me dejó pensando un buen rato: Lo primero que pensé es no sé cantar con mi voz, una confesión que pinta de cuerpo entero al humorista que ahora se permite dudar en público.
- Viralizados: el grupo del que forma parte y que lo tiene activo en el circuito digital con propuestas pensadas para recorrer las redes.
- Iván y vienen: el ciclo de streaming que acaba de estrenar y que se suma a su agenda como un espacio propio donde explorar nuevos registros.
- Mar del Plata en el horizonte: recibió una propuesta concreta para llevar un unipersonal a la ciudad, un desafío que todavía está evaluando pero que ya está sobre la mesa.
- Shows en eventos: mientras define los próximos pasos, sigue activo en presentaciones en vivo, el formato donde se fogueó desde muy chico.
Un oficio que empezó con una peluca casera y una bisabuela cosiendo a máquina
Hay un dato que a mí, particularmente, me conmueve y que quiero compartir porque habla de cómo se construyen los oficios en este país, muchas veces en cocinas de casa y con la ayuda de quien menos uno espera. Iván Ramírez cuenta que a los 14 años se disfrazó de Lía Crucet en el cumpleaños de una amiga, con un vestido que le había cosido su propia bisabuela, una imagen que a mí me transporta directo a esas mesas largas de los domingos donde las familias se organizan para hacer posible un sueño chico que después termina siendo grande. De esa primera presentación, cuenta, salieron tres contrataciones para otros eventos, y ahí, miren, empezó todo, o por lo menos empezó a tomar forma esto que hoy es un trabajo con producción, pelucas de cabello natural, equipo de vestuario y ensayos que duran lo que duran las ganas de quedar bien con el público.
Para meterse de lleno en cada personaje, Ramírez sigue un método que él mismo describe y que me parece interesante desglosar porque revela la cantidad de capas que hay detrás de cada chiste: primero observa cómo piensa la persona a la que va a interpretar, qué le interesa, cómo se comporta en la vida cotidiana; después trabaja la voz, después los gestos, yrecién al final llegan la ropa, la peluca y la prótesis, un orden que privilegia lo humano por encima de lo accesorio. En ese recorrido, claro, las horas pesan: cuatro para colocarse una prótesis, dos más para retirar el maquillaje, más el tiempo de confección de cada atuendo, una logística que él encara con la seriedad de quien sabe que del otro lado hay una pantalla y un público que no perdona una sola coma fuera de lugar.
Lo que más me gusta de esta etapa que está empezando, y se los digo en primera persona como me gusta contarles las cosas cuando una nota me toca de cerca, es que Ramírez haya decidido correr el riesgo de mostrarse tal cual es, con sus dudas a cuestas y con la voz que siempre puso al servicio de los demás, ahora puesta al servicio de él mismo. Cantar sin esconderse detrás de un personaje, para alguien que lleva más de un siglo de personajes en el cuerpo, debe ser un sacudón interno de los que dejan marca, y por eso me parece que vale la pena seguirlo de cerca, porque lo que está haciendo no es solo un pase de un concurso a otro, sino algo bastante más grande: está aprendiendo a habitar su propia piel frente a las cámaras, algo que muchos, incluso los que estamos del otro lado de la pantalla, todavía estamos intentando hacer.
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