A los 90 años, se fue Zulema Galperín: la actriz que empezó tarde, en un taller del Regio, y terminó siendo la Abuela cocainómana de la tevé
La Asociación Argentina de Actores confirmó el fallecimiento de una artista que recién descubrió la actuación en los años noventa, después de años de trabajo administrativo, y construyó un recorrido que combinó ficciones juveniles, policiales, cine, teatro dentro de un colectivo y un personaje humorístico que se volvió de culto.

A veces las historias más queridas de la tele empiezan tarde, en una sala de ensayo cualquiera, después de una vida entera dedicada a otras cosas. La de Zulema Galperín arrancó en 1997, cuando ya pasaba los sesenta, en el taller de Entrenamiento Teatral del Teatro Regio, ese escenario chiquito pero histórico de la calle Lavalle que durante décadas fue punto de encuentro de actores, docentes y curiosos que se animaban a pararse por primera vez frente a un público. Galperín, que había nacido el 18 de abril de 1936 y llevaba años de trabajo administrativo encima, se inscribió como quien empieza un hobby y terminó construyendo, capítulo a capítulo, una carrera que la llevó de la comedia juvenil al policial, del cine independiente al teatro montado dentro de un colectivo en movimiento.
La Asociación Argentina de Actores y Actrices, de la que era afiliada desde el año 2000, confirmó su fallecimiento a los 90 años y la despidió con un comunicado en el que destacó el recorrido de una actriz que se animó a cruzar formatos sin prejuicios. La noticia circuló rápido entre colegas y espectadores que la habían cruzado en alguna ficción, en una sala o en la calle, porque Galperín tenía ese don de parecer conocida aun cuando uno no terminaba de ubicar de dónde.
De Chiquititas a la Abuela cocainómana
Su currículuclum televisivo es un mapa raro y generoso de la pantalla argentina de las últimas décadas. Estuvo en Chiquititas, la tira de Cris Morena que durante los años dos mil pobló las tardes de la televisión de aire con chicos que cantaban, lloraban y crecían delante de cámara, y también en Gasoleros, la sitcom de Underground que a fines de los noventa convirtió a Fabio y Tomás en nombres de referencia del humor adolescente. Pasó por Poliladron y por Verdad consecuencia, dos productos bien distintos del canal de las pelotas, y se metió en dramas más oscuros como Primicias y Epitafios. En el medio construyó personajes en Viudas e hijos del rock and roll, Buenos chicos y la miniserie En París, esa ficción breve que mezclaba exilios, amor y música en Francia.
- Chiquititas y Gasoleros, sus pasos por la tele de gran audiencia.
- Poliladron, Verdad consecuencia, Primicias, Epitafios y Buenos chicos, su cara más dramática.
- En París, la miniserie que le dio aire internacional.
- Plataformas: Nada, Envidiosa, El tiempo de las moscas y Gutiérrez is mai neim.
El cine, el teatro y un colectivo en movimiento
En cine dejó una lista que recorre desde la industria más clásica hasta el cine de autor contemporáneo. Figuró en Los justos, Eva Perón y Pacto de silencio, y también en títulos como Blindado, Los adoptantes, La estrella roja, La extorsión y Puan, la película de María Alché y Benjamín Naishtat que la acercó a un público más festivalero. En 2021 se sumó a Superhéroes y heroínas urban@s, una miniserie surgida de un taller de la Fundación SAGAI, donde compartió el capítulo La página en blanco con María del Carmen Simari y Mirta Calza Citín.
Pero si hay un punto donde la carrera de Galperín se vuelve realmente asombrosa es en su experiencia teatral, y más precisamente en Fango negro, la obra escrita por José Gabriel Núñez y dirigida por César Sambataro que el grupo Clan-Destino presentó dentro de un colectivo que circulaba por las calles de Buenos Aires. El público no iba a una sala: se subía como pasajero, miraba por la ventanilla, escuchaba a los actores y se dejaba llevar por una historia que mezclaba lo cotidiano con lo sórdido. También actuó en Motivos para levantarse por la mañana, de Germán Akis y Raúl Baroni, en el Teatro Arlequino, una sala asociada a la producción de la Asociación Argentina de Actores.
La Abuela cocainómana, un personaje que se hizo carne
A muchos lectores, sobre todo a los que crecieron con el cable y con el humor de los noventa y los dos mil, lo que les va a sonar de Galperín es su paso por Duro de domar, el ciclo que Roberto Pettinato condujo en Canal 9 a fines de los años noventa. Ahí, junto a Sebastián Presta, le dio vida a la Abuela cocainómana dentro de Préstico, la sección de sketches que parodiaba realities y realities shows con una precisión que hoy se recuerda como una de las cosas más raras y graciosas que produjo la televisión argentina de esa época. Eran otros tiempos, sin redes sociales, sin viralización instantánea, pero el personaje se instalaba en la memoria de quien lo veía.
Yo no la traté personalmente, pero me acuerdo perfectamente de la primera vez que la vi en pantalla: fue en un capítulo de Gasoleros, haciendo de madre o de vecina, y me llamó la atención esa forma de pararse, de mirar a cámara sin pedir permiso, como si llevara décadas frente a un reflector aunque acabara de empezar. Esa misma energía se nota en el recorrido que dejó: alguien que se permitió empezar de grande, que no le tuvo miedo al ridículo, que aceptó un personaje con un nombre imposible como la Abuela cocainómana y que, mientras tanto, se subía a un colectivo para hacer teatro. Se fue a los 90, después de cruzarse con varias generaciones de público, y la verdad es que cuesta no emocionarse con la idea de que todavía hay tiempo, incluso cuando uno cree que ya pasó.
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