Arequipa: la Ciudad Blanca que se abre entre volcanes y piedra volcánica
En el sur del Perú, a poco más de una hora de vuelo desde Lima, la capital arequipeña invita a caminar por su centro histórico, asomarse a miradores frente al Misti y probar la cocina picantera local.

Les confieso algo: hay ciudades que se explican mirando hacia arriba, y Arequipa es una de ellas. A poco más de una hora y veinticinco minutos de vuelo desde Lima, la capital del segundo departamento más extenso del Perú aparece enmarcada por tres gigantes de piedra: el Misti, el Chachani y el Pichu Pichu. Ahí nomás, en el valle del río Chili, la ciudad respira un aire seco y luminoso que obliga a llevar en la mochila un abrigo liviano, porque si bien el día ronda los 24 grados, por la noche el termómetro se desploma hasta los 8 o 10 grados. Créanme: esa diferencia térmica se siente, sobre todo después de una cena arequipeña bien servida.
Una plaza de Armas con historia y reconocimiento internacional
El recorrido arranca, como no podía ser de otra manera, en la Plaza de Armas. A su alrededor se levantan la catedral y los portales de la Municipalidad, de Flores y de San Agustín, que ofician de escenarios privilegiados para sentarse a observar el movimiento cotidiano. El conjunto forma parte del centro histórico que en el año 2000 fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco, en gran parte por la manera en que las técnicas constructivas locales se fusionaron con el estilo europeo en plena época colonial.
El sillar, esa piedra blanca de origen volcánico que le da a Arequipa su famoso apodo de Ciudad Blanca, es el material que define cada fachada. La catedral, además, tiene su propia epopeya: el terremoto de 2001 la dejó muy dañada y hubo que reconstruirla. En su interior funciona un órgano belga de 12 metros de alto y 1.218 tubos, que se escucha durante las misas dominicales. Quienes quieran estirar la visita pueden subir al campanario para mirar la ciudad desde arriba.
San Agustín, Yanahuara y la ruta de los sabores
A pocos pasos de la plaza, la iglesia de San Agustín ofrece otra parada obligada. La entrada a su capilla cuesta 10 soles y vale la pena saber de antemano que ahí adentro no se pueden sacar fotos ni tomar registros con el celular. A cambio, la visita regala unos frescos que reproducen la vegetación y las aves de la selva peruana, todo un despliegue visual en pleno sur andino.
- Plaza de Armas: punto de partida, con la catedral y los portales de la Municipalidad, de Flores y de San Agustín como paradas sucesivas.
- Catedral: reconstruida tras el terremoto de 2001, con un órgano belga de 12 metros y 1.218 tubos, y subida al campanario.
- Iglesia de San Agustín: ingreso a la capilla 10 soles, sin cámaras ni celulares.
- Mirador de Yanahuara: vista al Misti, de 5.822 metros sobre el nivel del mar, y al resto del cordón de volcanes.
- Picanterías locales: para cerrar la jornada con la cocina tradicional arequipeña.
Si el cuerpo pide cortar la caminata con un paisaje, el mirador de Yanahuara es la invitación ideal. Desde ahí se entiende por qué los arequipeños viven pendientes del Misti, esa mole de 5.822 metros que parece custodiar la ciudad. Y ya que estamos en tema de recomendaciones: arrimen la silla en alguna picantería del centro y pidan un rocoto relleno, un adobo y, si el cuerpo aguanta, un queso helado. La cocina local es la otra gran razón para volver a Arequipa.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo

¿Cuánto valen los artículos más demandados en Chile? Precios de iPhones, cubiertas y más

Septiembre en la nieve: los cerros argentinos siguen girando y con precios más amigables

Tzatziki casero: la salsa griega de yogur y pepino que se hace con la heladera como aliada
