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Cafeína en la mochila: por qué los especialistas de Yale piden revisar lo que los adolescentes llevan a la boca antes de dormir

Una neumonóloga y dos investigadoras de esa universidad estadounidense explican que un consumo subestimado puede arruinar el sueño, disparar palpitaciones y dejar a los chicos más cansados al día siguiente. Las claves para una conversación en casa sin alarmismos.

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Marta MansillaSociedad y salud · 22 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Me lo cuenta Daniela mientras espera en la sala del pediatra con su hijo de catorce años, Mateo, que no para de cambiar el peso de un pie a otro y se frota las manos como si le temblaran. Tiene 42 años, es auxiliar administrativa en un colegio del conurbano bonaerense y vino a la consulta por algo que parecía menor: el chico no se podía dormir y arrastraba un cansancio que ya no se explicaba sólo por las clases. Cuando le preguntaron qué había tomado durante el día, la respuesta fue la de siempre: una lata de gaseosa cola a la mañana, dos cafés con leche cortos en el recreo y, a la noche, unos sobres saborizados que él mismo se prepara con agua caliente mientras juega en línea con amigos de Paraguay y de España. Nada fuera de lo común, pensaba Daniela. Hasta que la neumonóloga le dijo que esa combinación podía tener más cafeína de la que imaginaba y que el horario era, probablemente, el peor posible.

La advertencia llega desde Estados Unidos, firmada por un equipo de la Universidad de Yale, y pone el foco en un consumo que muchas familias naturalizan: el de la cafeína en adolescentes. La especialista en sueño Sabhyata Agrawal, neumonóloga de esa casa de estudios, sostiene que cuando un joven tiene dificultades para dormir, está nervioso, presenta temblores o muestra una caída del rendimiento escolar, conviene revisar qué está tomando a lo largo del día. Esas señales, dice, pueden orientar una conversación familiar sin necesidad de convertirla en un careo.

No todo es el café de la taza

Porque para reconocer cuánto se ingiere no alcanza con contar las tazas de café. La cafeína también aparece en bebidas energéticas, gaseosas comunes, chocolate, chicles de mentol o de frutas y, sobre todo, en esos sobrecitos saborizados que los chicos se llevan a todos lados. Según las especialistas de Yale, estos últimos pueden aportar entre 50 y 200 miligramos por unidad, un rango que depende de la marca y del modo de preparación. Grace Kong, profesora asociada de Psiquiatría, explica que los sabores dulces y frutales disimulan el amargor y vuelven el producto atractivo para adolescentes que, de otro modo, no probarían algo que les resultaría desagradable. La trampa, dice, es que se perciben como inofensivos.

La lista de efectos que pueden aparecer cuando se excede el consumo es bastante más amplia de lo que suele creerse. Agrawal advirtió que un exceso también puede provocar palpitaciones, molestias digestivas, una inquietud que no se va y ansiedaddifícil de manejar para un chico que todavía está aprendiendo a ponerle nombre a lo que siente. Cuando esas manifestaciones aparecen juntas, el cuadro deja de ser un capricho y empieza a parecerse a un problema.

La regla de las seis horas

El horario en el que se consume es tan importante como la cantidad. Agrawal explica que la cafeína empieza a actuar entre 30 y 45 minutos después de tomarla y que, entre cinco y seis horas más tarde, todavía queda en el organismo aproximadamente la mitad de lo que se ingirió. Por eso, su recomendación es evitarla después de las 13 o las 14, según el horario habitual de descanso de cada familia. Lo que se toma a la tarde, dice, se paga a la noche.

Ese efecto se potencia con un cambio propio de la adolescencia: el reloj biológico se corre y el sueño se desplaza hacia horarios más tardíos, lo que hace más difícil levantarse temprano para ir a la escuela. Si el cansancio lleva a buscar un estimulante, el alivio es transitorio y termina retrasando otra vez el descanso, con lo que el agotamiento del día siguiente se profundiza. Es un círculo que, según las especialistas, se repite en miles de hogares sin que nadie lo identifique.

“Los jóvenes pueden experimentar molestias con cantidades menores que los adultos, y las recomendaciones para personas adultas no deberían trasladarse a los menores.”Sabhyata Agrawal, neumonóloga y especialista en sueño de Yale

Qué hacer en casa, según Yale

  • Evitar la cafeína antes de los 18 años y excluir las bebidas energéticas de la alimentación de niños y adolescentes.
  • Revisar las etiquetas de gaseosas, chicles, chocolates y sobrecitos saborizados para conocer el contenido real.
  • Cortar el consumo después de las 13 o las 14, según la hora habitual de acostarse.
  • Prestar atención a la ingesta durante los videojuegos: puede responder al deseo de quedarse despierto o a una costumbre compartida con otros jugadores.
  • Hablar con los chicos sin alarma, poniendo el foco en el sueño, el rendimiento y el bienestar general.

Jennifer Jiyun Park, investigadora del Departamento de Psiquiatría de Yale, agregó un punto que muchas familias pasan por alto: el consumo de cafeína durante los videojuegos. Puede responder tanto al deseo de mantenerse despierto como a una costumbre compartida con otros jugadores que, del otro lado de la pantalla, también están tomando lo mismo. Normalizar esa práctica, dice, es el primer paso para revisar qué se está llevando a la mesa y a la mochila. Daniela, que mientras tanto mira su cómo suelas y le acomoda el buzo a Mateo, me dice antes de despedirse que esta noche van a empezar por algo simple: sacar del placard los sobrecitos y reemplazarlos por agua con rodajas de fruta. Es un primer paso chiquito, concede, pero es el primero que tiene pensado dar después de años de mirar para otro lado.

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Marta MansillaSociedad y salud

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