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Voces de Santa Cruz

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Castil de Carrias y Loranquillo: las aldeas fantasma de Burgos que se convirtieron en plató de la Guerra Civil

Los directores Javier Calvo y Javier Ambrossi eligieron dos pueblos abandonados de la provincia de Burgos para rodar las secuencias históricas de su película “La bola negra”. La responsable de localizaciones, Clara Salvador, contó cómo aparecieron esos escenarios donde las botellas todavía están en los estantes y la vegetación crece entre las piedras.

CA
Celeste AlmonacidCultura y patrimonio · · 4 min de lectura
Castil de Carrias y Loranquillo: las aldeas fantasma de Burgos que se convirtieron en plató de la Guerra Civil

Te voy a ser honesta: cuando me topé con esta historia, lo primero que sentí fue una mezcla de curiosidad y una especie de pudor extraño, como si estuviera mirando por la cerradura de la casa de alguien que ya no vive. La película “La bola negra”, que dirigen Javier Calvo y Javier Ambrossi, eligió dos pueblos abandonados de la provincia de Burgos —Castil de Carrias y Loranquillo— para rodar las escenas ambientadas en la Guerra Civil Española, y lo que se encontró el equipo de producción allí es de esas cosas que el cine, por mucho dinero que tenga, no puede fabricar en un estudio.

El rodaje arrancó el 25 de agosto de 2025 en Castil de Carrias, un antiguo núcleo rural que está a unos diez kilómetros de Belorado y del que hay documentos que lo mencionan desde por lo menos el siglo XII. A mediados del siglo XIX llegó a tener más de 240 habitantes; en 1950 vivían allí 178 personas, pero en 1970 solo quedaban 59. La despoblación fue comiéndoselo de a poco hasta que en 1994 murió Florentino González Sáez, a quien se considera el último vecino. Hoy, cuando uno camina por sus calles, encuentra la escuela vieja, una taberna con las botellas todavía visibles en los estantes, utensilios domésticos dispersos, vehículos oxidados y la iglesia de Santa María, que muestra señales claras de deterioro y de expolio.

Un segundo pueblo y un mismo abandono

A pocos kilómetros está Loranquillo, otro núcleo despoblado que se integró al municipio de Belorado durante los años setenta y cuyos últimos habitantes se fueron en la década de 1990. Entre los dos pueblos y Quintanilla se arma una ruta de senderismo de 22 kilómetros que permite recorrer esa geografía del silencio, y fue justamente esa continuidad del abandono lo que terminó de cerrar la elección de los directores.

La responsable de localizaciones, Clara Salvador, fue quien recorrió la provincia hasta dar con estos lugares, porque lo que la producción necesitaba era muy concreto: edificios parcialmente derruidos que permitieran recrear la Guerra Civil sin tener que construir decorados desde cero ni destruirlos al terminar el rodaje. Durante las jornadas de filmación, ambos pueblos permanecieron cerrados al público, una decisión lógica si se piensa en que se trataba de sets vivos, con polvo, con historia y, sobre todo, con cosas que ya nadie fue a buscar.

“Lo que buscábamos no era solo la imagen de las ruinas, sino la sensación de una vida interrumpida sin que nadie terminara de recoger sus cosas. Ese detalle tiene un significado específico dentro de la historia que cuenta la película, centrada en la memoria, la violencia y lo que el tiempo borra.”Javier Calvo y Javier Ambrossi, directores de “La bola negra”

Lo que el cine puede leer entre las piedras

  • Castil de Carrias: 240 habitantes a mediados del siglo XIX, 178 en 1950, 59 en 1970, y cero desde 1994, cuando murió Florentino González Sáez, considerado el último vecino.
  • Loranquillo: pueblo despoblado anexado a Belorado en los años setenta y abandonado del todo en la década de 1990.
  • El rodaje comenzó el 25 de agosto de 2025 en Castil de Carrias, con la iglesia de Santa María, una escuela, una taberna con botellas en los estantes y vehículos oxidados como parte del decorado natural.
  • Los dos pueblos, junto con Quintanilla, forman una ruta de senderismo de 22 kilómetros que quedó cerrada al público durante la filmación.
  • La elección la hizo la responsable de localizaciones Clara Salvador, tras recorrer la provincia buscando edificios parcialmente derruidos que evitaran construir decorados y luego tener que demolerlos.

Te confieso algo: cada vez que me cruzo con una historia así, donde el cine se apoya en pueblos que el tiempo fue vaciando, no puedo dejar de pensar en la cantidad de Florentinos que hubo en la España interior, gente que se quedó hasta que ya no quedó nadie, y en la cantidad de botellas que todavía esperan en los estantes a que alguien vuelva a servirse un vaso. “La bola negra” encontró en Castil de Carrias y en Loranquillo algo que ningún decorado puede imitar: la verdad silenciosa de un lugar al que la vida se le fue sin hacer ruido, y eso, tratándose de una película sobre la memoria y sobre lo que el tiempo borra, me parece que es exactamente lo que había que poner delante de la cámara.

CA
Celeste AlmonacidCultura y patrimonio

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