Cuando el cuerpo no avisa: cómo decidir a qué edad empezar a controlar la próstata
Cada año se diagnostican casi un millón y medio de casos en el mundo y la mayoría crece sin dar síntomas. Edad, familia y genética marcan la diferencia entre esperar o hacerse los estudios antes de los cincuenta.

El consultorio estaba en un primer piso por escalera y la sala de espera daba a una calle angosta, de esas donde a la tarde apenas entra el sol. Roberto, 47 años, ingeniero en caminos que hoy se dedica a vender seguros, llegó con una carpeta verde bajo el brazo. Se sentó, miró el cartel que pedía silencio y le dijo a la recepcionista, casi en voz baja, que estaba ahí por un trámite pendiente desde hacía meses. No era un trámite cualquiera: era un análisis de sangre que había postergado dos veces, una conversación que no quería tener con su médico clínico y una pregunta que lo venía rondando desde el día en que su hermano le anunció, en un asado de domingo, que le habían encontrado un tumor en la próstata. Roberto tenía 47, su hermano 51 y, por una vez, la historia familiar no se parecía a nada de lo que había imaginado.
El caso de Roberto no es una excepción llamativa, sino apenas un ejemplo de lo que muestran los registros internacionales. Según las estimaciones de GLOBOCAN correspondientes a 2022, ese año se diagnosticaron 1.467.854 nuevos casos de cáncer de próstata en el mundo y se registraron 397.430 muertes a causa de la enfermedad. Representó el 7,3 por ciento de todos los casos oncológicos y fue el segundo tumor más frecuente entre los hombres, con diferencias marcadas según la región y el nivel de ingresos de cada país. En números crudos, significa que prácticamente uno de cada cuatro tumores masculinos se origina en esa pequeña glándula que rodea la uretra y que la mayoría de los varones nunca se detiene a pensar hasta que algo los obliga.
Por qué se detecta tarde
El cáncer de próstata tiene una particularidad que vuelve a los urólogos prudentes y a los pacientes, muchas veces, confiados: cuando el tumor está localizado, lo habitual es que no produzca síntomas. No duele, no impide orinar de manera evidente, no mancha, no levanta fiebre. Cuando aparecen molestias urinarias, dolor óseo o sangrado, la enfermedad suele haber avanzado y ya no se trata de un hallazgo precoz, sino de un escenario clínico más complejo. Por eso la estrategia de detección no se construye alrededor de las quejas del paciente, sino alrededor de los riesgos que cada persona carga sin saberlo. La clave está en identificar a quiénes les conviene empezar los controles antes de que el cuerpo dé señales.
Para los varones con riesgo elevado, la recomendación de Mayo Clinic es empezar a conversar con el equipo de salud sobre los controles entre los 40 y los 45 años. En la franja intermedia, la de los 55 a los 69 años, el Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de Estados Unidos sugiere una decisión individual, tomada junto con un profesional, después de evaluar los posibles beneficios y las limitaciones del análisis de antígeno prostático específico, conocido como PSA. A partir de los 70, ese mismo organismo no recomienda un tamizaje sistemático, porque los riesgos de sobrediagnóstico y sobretratamiento tienden a superar a los beneficios en esa etapa de la vida.
Qué mide el PSA y por qué un valor alto no es sinónimo de cáncer
El PSA es una proteína que producen tanto las células normales de la próstata como las malignas. Un valor elevado no confirma la presencia de un tumor: puede subir después de un ejercicio intenso, por una inflamación prostática, tras una biopsia reciente o por el uso de ciertos medicamentos como la finasterida o la dutasterida, indicados para problemas de agrandamiento benigno de la próstata. Frente a un resultado fuera de rango, la práctica más extendida es repetir el análisis antes de avanzar con otros estudios. Si el valor sigue alterado, la evaluación suele completarse con un examen físico, determinaciones de otros biomarcadores en sangre u orina y una resonancia magnética de próstata, que permite ubicar zonas sospechosas y guiar eventuales biopsias.
Roberto, mientras tanto, salió del consultorio con la carpeta verde un poco más gruesa y una orden de laboratorio para la semana siguiente. Antes de cruzar la puerta le dijo a la recepcionista, ya con la voz un poco más firme, que hacía dos años había cumplido los 45 y que por primera vez entendía por qué su médico clínico insistía tanto con ese estudio. Lo que espera, me contó después por WhatsApp, es que el resultado le permita quedarse tranquilo unos cuantos años más. Si no, dice, ya sabe a quién llamar primero: a su hermano, para acompañarlo, y al urólogo, para empezar.
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