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Martes, 13 de octubre de 2026
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Voces de Santa Cruz

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Cuando el guionista se pone detrás de cámara: Sorkin frente a su propio espejo

La secuela de "La red social" reaviva el debate sobre un autor que escribe mejor cuando otro lo Contiene. Un recorrido por los pliegues de una película que se piensa demasiado a sí misma.

CA
Celeste AlmonacidCultura y patrimonio · · 4 min de lectura
Cuando el guionista se pone detrás de cámara: Sorkin frente a su propio espejo

Volvamos un momento a 2010, cuando un tal David Fincher tomó un guión de Aaron Sorkin sobre un estudiante de Harvard que fundaba una página web en su dormitorio y lo convirtió en una de las películas más filosas de la década. "La red social" funcionó porque había un pulso externo que la empujaba hacia adelante, alguien capaz de traducir la pirotecnia verbal del guionista en imágenes que respiraban. Once años después, esa misma historia tiene continuación, pero ya no está Fincher: está Sorkin, sentado en la silla del director, decidiendo cada plano. Y se nota. "El precio de la red" llega a las salas con la expectativa enorme de ser heredera legítima de un clásico instantáneo, y lo que encuentra el espectador es, otra vez, la confirmación de un patrón que el propio cine del guionista viene repitiendo desde hace tiempo.

Un guionista que se dirige a sí mismo y no sale del todo bien parado

La película no es mala en el sentido catastrófico de la palabra. El problema, señalan las reseñas que circulan desde su estreno norteamericano, es más sutil y por eso más molesto: hay largos tramos en los que la película existe porque las frases suenan bien en voz alta, no porque la cámara tenga algo urgente que mostrar. Sorkin, cuando escribe para otros, se entrega a un director que lo Contiene; cuando se dirige a sí mismo, los monólogos se estiran, las escenas de interiores se iluminan con una luz rara, casi amarillenta en los pasillos del Senado que recrea la ficción, y el montaje avanza sin la tensión que el material pide.

Hay un detalle que me llamó la atención al leer las críticas: el director de fotografía de "El precio de la red" es el mismo que estuvo detrás de la cámara en "La red social" catorce años atrás. Si la luz falla ahora, la explicación no está en el equipo sino en quien da las indicaciones. La escena en la sala de reuniones del Capitolio, con esos ventanales enormes por los que entra un sol de justicia que no termina de justificar el dramatismo del diálogo, resume el problema: un decorado imponente, actores componiendo con oficio, y sin embargo una sensación de aire viciado, de palabras girando en círculos.

  • "Algunos hombres buenos" (1992), con Rob Reiner: el guión ganó el Oscar a mejor guión original y la película se sostiene como clásico del cine judicial.
  • "La red social" (2010), con David Fincher: otra vez Oscar al guión adaptado y una película que cambió el estándar del biopic generacional.
  • "Steve Jobs" (2015), con Danny Boyle: la excepción más aplaudida de la etapa intermedia, con un Michael Fassbender central.
  • "Molly's Game" (2017), debut como director de Sorkin: recepción tibia pero respetuosa, con una Jessica Chastain que cargaba la película.
  • "El juicio de los 7 de Chicago" (2020), con Sorkin otra vez en el sillón de director: éxito de público, lecturas más divididas en la crítica.
  • "Ser agente libre" (Being the Ricardos, 2021), última entrega como realizador antes de esta secuela: la que confirmó las dudas sobre su pulso visual.
“En la película hay una línea, dicha por el personaje que interpreta Bill Burr, que funciona como autorretrato involuntario: Sorkin sería, según esa frase, un guardia de tránsito con los brazos caídos mientras los autos derrapan y se llevan todo puesto.”Diálogo de "El precio de la red"

La pregunta que sobrevuela la función

Salí de la sala con una sensación que conozco de otros estrenos de Sorkin como director: la de estar viendo un borrador muy avanzado de algo que, con otra mano encima, podría haber sido excelente. No se trata de que falte inteligencia en el texto; al contrario, el guión de "El precio de la red" tiene observaciones finas sobre el poder, sobre la manera en que las redes sociales muerden a sus propios creadores, sobre la soledad del privilegio. Lo que falta es la fricción, ese que Sorkin necesita para no perderse en sus propios rodeos. Pienso en cuántas veces el público argentino fue a ver sus películas por el texto y cuántas veces se quedó por la imagen: el balance, en sus últimas películas como realizador, viene inclinándose hacia un lado que no me termina de convencer.

CA
Celeste AlmonacidCultura y patrimonio

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