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Cuando la cabeza no da más: por qué una pausa a tiempo puede cambiar la jornada de cualquier persona

Pequeñas interrupciones, como caminar, respirar o nombrar lo que vemos, ayudan a recuperar la concentración cuando el agobio del día pesa. Especialistas coinciden en que estas prácticas alivian pero no reemplazan la consulta profesional cuando el malestar se vuelve constante.

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Marta MansillaSociedad y salud · 19 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

La sala de espera de un consultorio sobre la calle Arenales está colmada un martes a las once de la mañana. Hay gente con la mirada clavada en el piso, otros que se frotan las manos sin parar y algunos que miran el celular como si la pantalla pudiera salvarlos de algo. Carlos tiene 52 años, vive en Lanús y trabaja en una administración hace más de veinte. Me cuenta que llegó hasta ahí porque siente que hace meses no puede terminar una tarde sin la sensación de haber corrido una maratón dentro de su propia cabeza. No tiene un diagnóstico concreto, dice, pero cada jornada se le hace cuesta arriba y el sueño ya no le alcanza. Antes de atenderse con la psicóloga, me dice, probó con pequeñas pausas a lo largo del día. Y algo, reconoce, cambió.

Es que cuando cuesta sostener la atención y el cansancio empieza a pesar, una pausa puede ofrecer un respiro dentro de la jornada. No necesita tener una duración fija ni convertirse en otra obligación: puede consistir en apartarse de las notificaciones, permanecer unos minutos en silencio o simplemente cambiar de ambiente. La elección, coinciden los especialistas consultados, depende del tiempo disponible y de las preferencias de cada persona, porque no existe una fórmula universal que le funcione a todos por igual.

Técnicas concretas para interrumpir el agobio

  • La técnica 5-4-3-2-1 propone reconocer, en este orden, cinco elementos visibles, cuatro sensaciones de contacto, tres sonidos del ambiente, dos aromas y un sabor. Antes de comenzar, puede hacerse una respiración pausada, sin forzar la entrada de aire.
  • Caminar por un parque o por la calle durante unos quince minutos permite interrumpir la tarea. Una investigación evaluó a trabajadores que pasearon en el horario del almuerzo durante diez días laborales seguidos y reportó menos fatiga y mayor concentración por la tarde.
  • Dentro de casa o del trabajo, estirar las piernas, hacer movimientos de movilidad o bailar una canción son formas posibles de introducir actividad sin grandes complicaciones.
  • Una llamada o un intercambio con una persona de confianza puede sumar conversación y una desconexión momentánea de las obligaciones.
  • Descansar con los ojos cerrados entre diez y quince minutos, ajustando el intervalo a las necesidades personales, favorece la recuperación, aunque no reemplaza al sueño adecuado.
“Concentrarse en esos estímulos puede dar cierta distancia respecto de las preocupaciones, aunque no elimina su causa.”Sari Chait, psicóloga clínica

La neurocientífica Heidi Hanna, por su parte, suele recordar en sus intervenciones que mantener los ojos cerrados ese breve intervalo puede ser una herramienta válida cuando el cuerpo pide un corte. La terapeuta Tyana Tavakol, en cambio, pone el acento en el límite: si los intentos personales no alcanzan y el malestar continúa, aumenta o empieza a dificultar el sueño, el trabajo o los vínculos, conviene buscar acompañamiento profesional. Las pausas, dicen las especialistas, tienen alcances distintos y no resuelven las causas profundas del estrés cotidiano.

Carlos, mientras espera que lo llamen, me dice que lo que él espera de esta consulta es algo que las técnicas de pausa no le pudieron dar: entender por qué lleva meses sintiéndose tan agotado. Ya probó caminar a la hora del almuerzo, cerrar los ojos en su auto antes de subir a la oficina y hasta aprender la técnica de los cinco sentidos. Le sirvió, reconoce, pero no le alcanzó. Y eso, dice, es lo que lo terminó de empujar hasta esta sala de espera.

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Marta MansillaSociedad y salud

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