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Martes, 20 de octubre de 2026
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Del termómetro al celular: las dudas que persiguen a los padres en el consultorio

En el Día Nacional de la Pediatría, una recorrida por las preguntas más frecuentes que llegan a los consultorios: fiebre, golpes, selectividad alimentaria y el desembarco de las pantallas en la crianza.

MM
Marta MansillaSociedad y salud · · 3 min de lectura
Del termómetro al celular: las dudas que persiguen a los padres en el consultorio

La sala de espera del consultorio pediátrico de la doctora Inés Larramendi, en el barrio de Belgrano, empieza a poblarse desde temprano, con mamás con mamaderas, abuelos con cochecitos plegables y padres jóvenes que miran el celular mientras el chico dibuja en una carpeta. Es una escena que se repite en toda la Argentina cada 20 de octubre, cuando se conmemora el Día Nacional de la Pediatría, una fecha que recuerda la fundación de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), ocurrida en 1911, y que vuelve a poner en primer plano a una figura clave de la crianza: el profesional que acompaña a los chicos desde los primeros días de vida hasta la adolescencia.

Fiebre y golpes: cuando la consulta no puede esperar

Adriana, de 47 años, llevó esta semana a su hija de cinco a un control de rutina y contó que la noche anterior estuvo pendiente del termómetro porque la nena amaneció caliente y con tos. Cuando un chico tiene fiebre, explican los pediatras, la mirada tiene que puesta en el estado general y en la causa del cuadro, y no solamente en el número que marca el termómetro. En bebés pequeños, o ante decaimiento marcado, dificultad para respirar, llanto inconsolable o manchas en la piel, la consulta tiene que ser sin demora. Lo mismo vale para los golpes en la cabeza: pérdida de conocimiento, vómitos reiterados, dolor intenso, alteraciones de conducta o somnolencia inhabitual son señales que obligan a una valoración urgente en el consultorio o en la guardia.

La tos y los vómitos también suelen disparar consultas, y en esas situaciones los especialistas insisten con un punto que se repite en cada encuentro con las familias: la automedicación puede sumar riesgos, sobre todo cuando se combinan productos con componentes similares que se terminan sumando sin querer. Frente a un cuadro que se prolonga o que cambia, la indicación de los pediatras es siempre la misma: no improvisar jarabes ni repetir dosis por cuenta propia y llamar al profesional de cabecera.

No come nada: la frase que atraviesa a las familias

  • El apetito varía con la edad, con el crecimiento y con el estado anímico o físico del chico, por lo que no siempre una baja de ingesta es una señal de alarma.
  • La selectividad alimentaria suele ser transitoria y, en la mayoría de los casos, se resuelve con paciencia y con la oferta variada de alimentos en la mesa familiar.
  • Cuando la preocupación se vuelve constante, la consulta pediátrica ayuda a distinguir una etapa pasajera de una situación que pide cambios concretos, ya sea en la rutina, en la textura de los alimentos o en los horarios.
  • El pediatra también puede acompañar a la familia para evitar que las comidas se transformen en un campo de batalla cotidiano, algo que desgasta a grandes y a chicos por igual.

En la sala de espera, mientras la nena revuelve una galletita en la mano sin decidirse a comerla, Adriana reconoce que esa frase, la del no come nada, la escuchó de boca de su propia madre y ahora la repite ella, y que cada generación la pelea a su manera. Lo que esperan estas familias cuando llegan al consultorio es simple, y al mismo tiempo enorme: que alguien les explique qué es lo que está pasando con su hijo, qué se puede hacer en la casa y cuándo es momento de preocuparse de verdad, para terminar la consulta con menos miedo y con un plan concreto para los próximos días.

MM
Marta MansillaSociedad y salud

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