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Desayunar en casa, la pelea de cada mañana: por qué esa comida pesa en el rendimiento escolar y cómo resolverla sin estrés

Una revisión de estudios asocia saltearse el desayuno con peores resultados académicos en chicos y adolescentes, aunque sin probar causalidad. Una dietista de Cleveland Clinic propone preparaciones simples, basadas en proteínas y fibra, que se pueden dejar listas la noche anterior para evitar que las prisas terminen en ayuno.

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Marta MansillaSociedad y salud · 18 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

La escena se repite en miles de casas del país antes de que suene el timbre del colegio. En la cocina todavía apagada, un padre o una madre revuelve la alacena mientras un chico de mochila al hombro pregunta si alcanza el tiempo para comer algo. A veces se gana la pulseada y se sirve una tostada con queso y un vaso de leche. Otras, el reloj gana y la puerta se cierra sin que nadie haya probado bocado. Esa decisión, multiplicada a lo largo de semanas y meses, puede parecer menor, pero un conjunto creciente de investigaciones empieza a asociarla con algo sensible: el rendimiento escolar de chicos y adolescentes.

No es un tema trivial ni mucho menos. La dietista Jennifer Hyland, del equipo de Cleveland Clinic Children's, lo explica con una imagen que cualquier adulto reconoce: después del ayuno nocturno, el cuerpo llega a la mañana con cansancio, con menor claridad para pensar y con una lentitud física que se nota sobre todo en los primeros minutos de clase. Desayunar, dice, aporta la energía necesaria para atravesar esa franja del día en la que se concentran buena parte de las actividades escolares.

La receta: proteínas y fibra, con poco azúcar

Para armar esa comida sin convertir la mañana en una carrera de obstáculos, Hyland recomienda una combinación concreta: proteínas y fibra, que son las que mejor sostienen la saciedad y ayudan a evitar el bajón energético de media mañana. Esa dupla se consigue con variantes sencillas que cualquier familia puede adaptar a su gusto y a su presupuesto.

  • Un huevo acompañado de una tostada integral, que suma proteína y fibra en pocos minutos.
  • Un tazón de cereal integral servido con leche y fruta, una opción clásica que se prepara en segundos.
  • Yogur griego mezclado con granola de bajo azúcar, una alternativa que también se puede dejar lista en frascos la noche anterior.

Lo que dice la evidencia y lo que todavía no

La especialista advierte, además, que conviene moderar las opciones con mucho azúcar porque suelen dejar hambre al rato y provocar un descenso posterior de energía, justo cuando los chicos están rindiendo pruebas o prestando atención en el aula. Y aclara algo que muchos padres dan por sentado: no existe una cantidad única de proteína adecuada para todos los chicos, porque las necesidades cambian con la edad, el tamaño corporal y el nivel de actividad.

En paralelo, la investigación viene sumando piezas. Una revisión sistemática que reunió 45 estudios encontró que desayunar puede beneficiar la atención, la memoria y la función ejecutiva frente a continuar en ayunas, aunque los resultados variaron según el tipo de prueba y las características de los participantes. Los beneficios aparecieron con más frecuencia cuando había contextos de alimentación insuficiente o desnutrición, lo que muestra que el punto de partida importa.

Por separado, un análisis de 24 investigaciones observacionales vinculó la falta de desayuno con un mayor riesgo de desempeño académico bajo. Ahí aparece un matiz clave que conviene no saltear: ese tipo de estudios muestra asociación, no causalidad. En otras palabras, que un chico se salte el desayuno y le vaya mal en la escuela no significa que una cosa provoque la otra; también pueden pesar el sueño, las condiciones económicas del hogar, la calidad general de la alimentación y las rutinas de estudio.

Mañanas con menos vértigo

Mientras la ciencia sigue precisando qué constituye un desayuno ideal y qué tan sostenidos son los beneficios de los programas escolares que lo promueven, hay decisiones cotidianas que están al alcance de la mano. La Cleveland Clinic propone, por ejemplo, dejar parte del trabajo hecho la noche anterior: avena remojada que sólo haya que servir, huevos ya hervidos guardados en la heladera, fruta lavada y cortada, o incluso sándwiches de huevo congelados que se calientan cuando hacen falta. La idea es que las prisas no terminen empujando a toda la familia a salir de casa con el estómago vacío.

“No es una cuestión de voluntad sino de organización: si el desayuno ya está casi servido, la probabilidad de que el chico coma algo antes de entrar al aula se multiplica.”Jennifer Hyland, dietista de Cleveland Clinic Children's

Pienso en Marcelo, 48 años, padre de dos chicos de 7 y 11 años en un barrio del conurbano bonaerense, que me lo resumió con una frase que escuché más de una vez en estos días: a la mañana no te dan los tiempos, querés hacer todo bien y terminás haciendo nada. Su expectativa, como la de tantos, es simple y a la vez exigente: que la salida de la casa deje de ser una emergencia y que los chicos lleguen al colegio con algo en el estómago, algo que les banque la mañana. La evidencia no garantiza que eso se traduzca en mejores notas, pero sí lo señala como una de las bases razonables sobre las que se construye un día escolar con más chances de empezar en serio.

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Marta MansillaSociedad y salud

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