Fernando Burlando, a corazón abierto: el abogado que se puso un chip hormonal en 2019 y ahora lo cuenta como si fuera un secreto a voces
El letrado reveló que lleva tres años con el dispositivo subcutáneo, defendió su uso tanto para hombres como para mujeres y aseguró que la llamada “nueva medicina” apunta a llegar a la vejez con la mayor plenitud posible. La frase que dejó sin aire a la entrevista: “Tengo la cabeza como un chico de 17 años”.

A veces pasa que una nota pensada para otra cosa termina abriendo una puerta inesperada. Esta vez fue Fernando Burlando, conocido en los tribunales por causas que recorrieron las tapas de todos los diarios, quien contó en una entrevista televisiva que desde hace tres años lleva colocado un chip hormonal subcutáneo, una pequeña pieza que, según describió, le ordena la vida de una manera que él no dudó en comparar con la adolescencia más temprana.
El dato tiene su peso porque no estamos frente a una confesión al pasar: el abogado eligió el momento, miró a cámara y sostuvo que el dispositivo funciona como un regulador integral. No se trata de un capricho estético ni de una moda pasajera, al menos en su relato, sino de un paso dentro de lo que llamó sin vueltas la nueva medicina, una forma de entender el cuerpo que apunta, sobre todo, a anticiparse a los achaques de la edad.
Una frase que se llevó todo el peso de la nota
Lo más jugoso de la entrevista, lo que seguramente va a sobrevivir al resto de los titulares, fue la comparación que el propio Burlando eligió para describir los efectos del chip: dijo, textualmente, que tiene la cabeza no como un chico de 30, sino como un chico de 17 años. Y cuando le preguntaron a qué se refería con eso, respondió con una sola palabra que sonó a declaración de principios: a todo.
“Tengo la cabeza no como un chico de 30, sino como un chico de 17 años.”Fernando Burlando
La respuesta, tan breve como elocuente, fue el ancla emocional de la charla. Burlando no esquivó la pregunta, no la matizó ni la recortó: la dejó entera, asumiendo que el escucha entendiera lo que quisiera entender, pero dejando claro que él se siente pleno y que ese bienestar se traduce en horas de trabajo, entrenamiento y estudio que, según su propio testimonio, encara sin respiro.
Qué es y para qué sirve, según el propio Burlando
Más allá del impacto mediático de la confesión, lo que el abogado intentó instalar en la conversación fue una idea concreta. Para él, el chip hormonal no es un atajo ni un placebo: es una herramienta que, apoyada en estudios clínicos, apunta a ordenar el organismo por dentro. Lo explicó como quien describe una pieza de relojería: regulariza y ordena a nivel hormonal todo, con efectos que van mucho más allá de la vida sexual, esa dimensión que suele ser la primera que aparece cuando se habla de este tipo de tratamientos.
Una jornada que parece un castigo y él cuenta como rutina
Para graficar cómo se traduce esa energía en el día a día, Burlando describió una jornada reciente que a cualquiera le sonaría extrema. Ese día terminó de alegar en el juicio por la sucesión de Diego Maradona a las nueve de la noche, a las once de la noche todavía estaba sentado estudiando los pasos del día siguiente y a la mañana temprano ya estaba entrenando. Tres escenas en menos de doce horas, con el cuerpo todavía en marcha, como si el cansancio no terminara de instalarse.
El abogado aclaró, eso sí, que el chip no es un botón mágico que se aplica sin más. Antes de colocarlo hace falta un paso previo que en medicina nunca conviene saltear: estudios y controles. Funciona, es bárbaro, resumió, y con esa frase pareció cerrar cualquier duda sobre su propia experiencia, más allá de lo que cada uno decida hacer con la propia salud.
El antecedente de 2019 con Barby Franco y el silencio sobre el chip de su pareja
El tema no es del todo nuevo en la vida de Burlando. En 2019, cuando todavía resonaban los ecos mediáticos del romance con Barby Franco, la propia pareja había bromeado en una entrevista radial con la idea de colocarle un chip a él, en tono de chiste amoroso. Yo le voy a poner un chip sexual, ya que tiene tanto trabajo, dijo en aquel momento, en una frase que parecía humor de pareja y que hoy, mirado en retrospectiva, casi parece un anticipo de lo que el abogado vendría a confirmar años después.
Consultado en esta oportunidad sobre si Franco tiene también colocado un chip de este tipo, Burlando optó por el silencio. Argumentó razones contractuales y no abundó en detalles, un cierre que deja la puerta abierta a futurasconfirmaciones pero que, por ahora, deja el tema en terreno íntimo.
Una decisión que también pasa por la familia y por los afectos
Antes de terminar la charla, Burlando dejó un dato quehumaniza el cuadro clínico: sus hijas y su madre están al tanto del tratamiento. No es un dato menor en un país donde hablar de hormonas, implantes o terapiasantiage todavía despierta suspicacias, sobre todo entre los adultos mayores. Que la propia madre del abogado conozca lo que su hijo lleva debajo de la piel dicealgo de cómo se procesó la decisión puertas adentro.
Yo confieso que, mientras leía la entrevista completa, no pude evitar quedarme pensando en esa jornada maratoniana queBurlando describió sin quejarse. Un alegato hasta las nueve de la noche, estudio hasta las once y entrenamiento al amanecer suena, para cualquiera que haya tenido que lidiar con un lunes largo, casi como unadisciplina militar. Pero más allá del chip, lo que terminaimpactando es la decisión de contarlo sin filtro: hablar de la propia energía como se habla del tiempo, con naturalidad, y asumir que, a los 60 años o cerca de ellos, sentirse como un chico de 17 es un derecho y no una extravagancia. Ahí, me parece, está la verdadera noticia.
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