Garbanzos con zamburiñas: un guiso exprés que rescata la cocina de olla en menos de treinta minutos
Con garbanzos ya cocidos y una lata de zamburiñas en salsa de vieira, esta receta se arma en la cocina con cebolla, ajo, tomate y un chorrito de vino blanco. El truco está en sumar los mariscos al final y dejarlos apenas dos minutos al fuego para que no se endurezcan.

Les confieso algo: cada vez que abro una lata de mariscos me siento un poco estafado por la cantidad de años que tardé en darme cuenta de que son una solución brillante para cocinar rico sin pasarme la tarde en la cocina. Y este guiso de garbanzos con zamburiñas es la prueba más concreta que probé en los últimos tiempos. En menos de treinta minutos tenés un plato cálido, con cuerpo, que parece haber llevado horas y que en realidad se arma con lo que ya tenés en la alacena.
La base de la receta es bien simple y por eso funciona: parte de dos ingredientes que vienen listos para usar, que son los garbanzos ya cocidos y una lata de zamburiñas en salsa de vieira. A eso se le suma una construcción de verduras que cualquier cocinero tiene incorporada de memoria: cebolla, ajo y tomate rallado, que es lo que le da el fondo y la acidez justa para que las legumbres no queden pesadas.
Cómo se arma el guiso paso a paso
- Reunir los ingredientes: garbanzos cocidos, una lata de zamburiñas en salsa de vieira, cebolla, ajo, tomate rallado, aceite de oliva, comino, laurel, pimentón dulce, agua o caldo y un chorrito de vino blanco.
- Llevar la cebolla a fuego bajo con aceite de oliva hasta que se ablande, sumar el ajo picado y cocinar hasta que suelte aroma.
- Incorporar el tomate rallado y dejarlo al fuego hasta que pierda el agua y concentre sabor.
- Verter el vino blanco, dejar evaporar un par de minutos y agregar el comino, el laurel y el pimentón dulce.
- Sumar los garbanzos con algo de agua o caldo y cocinar unos minutos a fuego medio para que absorban los condimentos.
- Incorporar las zamburiñas con su salsa de la lata, calentar apenas dos minutos y retirar del fuego para que no se endurezcan.
- Terminar con un aderezo de ajo y perejil picados mezclados con aceite de oliva virgen extra, repartido por encima como toque fresco.
El detalle que hace la diferencia y que conviene no perder de vista es el momento en que entran las zamburiñas. Como ya vienen cocidas dentro de la lata con su propia salsa de vieira, la idea no es cocinarlas, sino apenas calentarlas para que se integren con el guiso. Si las dejamos de más, el marisco se pone gomoso y se arruina toda la operación. Dos minutos alcanzan y sobran.
Para servir, el plato se banca solo, pero si tenés un buen pan a mano, mucho mejor: la salsa pide a gritos que alguien la moje con algo. Y si querés sumarle una bebida, un blanco gallego con algo de acidez, tipo albariño, va de lujo. En mi casa lo terminamos siempre con un postre simple y una conversación larga, que es lo que mejor le sienta a las recetas sin complicación.
Dónde comer algo parecido sin cocinar
Si te copa la idea del guiso de legumbres con mariscos pero no querés prender el fuego, una buena opción es buscar en el centro de cualquier ciudad portuaria algún bodegón clásico que tenga cocido o guiso de lentejas con frutos de mar en su carta. En Buenos Aires, la zona de San Telano y La Boca suele tener propuestas de este estilo; en Mar del Plata, los locales sobre la costa ofrecen platos similares con productos bien frescos. Pedí un plato, una copa de blanco y dejá que la cocina haga el resto.
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