La isla donde el lago Lácar guarda una capilla de madera construida por un aserradero
En el Parque Nacional Lanín, la isla Santa Teresita solo se accede por agua y conserva un templo levantado en 1933 por los trabajadores forestales de la estancia Quechuquina.

La sala de espera de la oficina de informes del Parque Nacional Lanín, en San Martín de los Andes, suele llenarse temprano por la mañana con que preguntan cómo llegar a la isla Santa Teresita, un punto del lago Lácar que no tiene camino por tierra y al que solo se accede embarcado. Ahí, mientras algunos turistas revisan folletos y otros preguntan por los horarios de las lanchas, el mapa grande del parque muestra un rectángulo verde diminuto en la margen norte del espejo de agua, separado de la península Quechuquina por un canal angosto. Yo me detengo ahí un rato, observando la escena, y termino conversando con Rubén Arias, un vecino de 54 años que trabaja como guía local y que conoce la isla desde chico porque su padre llevaba remesas hasta el aserradero cuando él era niño.
Lo que Rubén me repite, y lo que repiten los guardaparques, es lo primero que cualquiera tiene que entender antes de organizar la salida: a la isla Santa Teresita no se puede llegar en auto ni caminando, solamente por agua, en excursiones lacustres en lancha o en embarcaciones autorizadas que salen desde San Martín de los Andes. La isla está ubicada sobre el lago Lácar, dentro del Parque Nacional Lanín, al este de la península Quechuquina, y un canal de unos 112 metros la separa del continente. Esa sola condición ya cambia la experiencia: no hay shops, no hay muelle con restaurantes, no hay sendero señalizado desde un estacionamiento; el visitante llega, baja y se interna en el bosque.
Un terreno de costas rocosas y bosque cerrado
Antes de subir a una lancha conviene saber cómo es el lugar para no llevarse sorpresas. La isla mide alrededor de 250 metros de ancho y 375 de largo, y sus costas son rocosas y abruptas, sin playas de arena donde sentarse a hacer un picnic a la orilla. El bosque cubre cerca del 90 por ciento de la superficie, con especies nativas como coihues, cipreses, maquis y arrayanes, así que la caminata se hace entre raíces, hojarasca y sombra, con el lago como marco permanente. Es un paisaje pensado para ir con calzado cerrado, algo de abrigo y paciencia para moverse despacio.
En ese contexto, la atracción central es la capilla Santa Teresita, un templo de madera construido en 1933 que sigue en pie y que resume una historia que no es la de un pueblo ni la de un ejército, sino la de las familias que vivían del trabajo del aserradero de la estancia Quechuquina. El templo se levantó porque esos trabajadores necesitaban un lugar cercano donde participar de ceremonias religiosas sin tener que cruzar el lago cada vez, y la actividad forestal había dado lugar a una pequeña comunidad con sus propios ámbitos de reunión. La capilla nació, entonces, como una necesidad concreta de gente concreta.
Cómo se construyó y qué pasó después
- La obra fue posible por aportes de las familias Raguzzi, que donaron la madera, y Van Dorsser, que se encargó de terminarla, junto con empleados del aserradero y un carpintero municipal que trabajaron voluntariamente.
- Con el paso de los años, en la capilla se celebraron bautismos, misas y casamientos, así que su uso fue mucho más allá del primer propósito religioso de los hacheros.
- El templo forma parte del Camino de la Fe neuquino, un recorrido que empieza en Ailinco y termina en Villa La Angostura y que enlaza distintos sitios con valor espiritual en la provincia.
- Llegar implica aceptar que no hay acceso terrestre: la única forma es embarcarse en San Martín de los Andes y navegar por el lago Lácar hasta la isla.
Cuando le pregunto a Rubén qué es lo que más le gusta mostrar de la isla, me responde algo que me parece justo, casi como una definición del lugar: que la capilla sigue existiendo porque la hicieron entre todos, con la madera que salía del mismo bosque que la rodea. Por eso, me dice, cada vez que organiza una excursión trata de que la gente baje de la lancha, camine despacio y se tome un rato para mirar el templo por fuera antes de entrar, porque es una construcción comunitaria levantada por hacheros y carpinteros, no por arquitectos ni por encargo oficial. Y lo que él espera de cada visita, me dice antes de volver a la oficina de informes, es que quienes lleguen entiendan que están pisando un pedacito de historia laboral y familiar del Neuquén, además de un punto turístico del parque.
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