Jueves, 10 de septiembre de 2026
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Voces de Santa Cruz

Las hermanas Owens vuelven a hechizar, pero sin renovar el conjuro

Sandra Bullock y Nicole Kidman retoman sus roles veintiocho años después en una secuela que apuesta por la nostalgia y la química de su dupla, aunque tropieza con una dirección apagada y un guion que se extiende más de la cuenta.

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Celeste AlmonacidCultura y patrimonio · 10 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Tengo que confesar algo antes de empezar: cuando en 1998 fui al cine a ver Practical Magic, no salí del todo convencida. Me pareció una historia bonita, con dos actrices enormes, pero algo tibia, como un hechizo que no terminaba de cerrarme del todo. Así que cuando supe que casi tres décadas después se animaban a una secuela, sentí una mezcla de curiosidad genuina y esa desconfianza sana que da el paso del tiempo. Ahora, después de recorrer lo que dice la crítica especializada, me queda una sensación rara: como reencontrarme con dos amigas que quiero mucho y descubrir que, aunque las sigo adorando, la conversación ya no fluye como antes.

La historia arranca con Sally y Gillian Owens, las hermanas hechiceras interpretadas por Sandra Bullock y Nicole Kidman, en un punto muy distinto al que dejamos en 1998. Crecimos con ellas, crecimos con el cine que las vio nacer, y por eso el reencuentro tiene algo inevitablemente emotivo. Ahí está, me parece, el verdadero motor de esta secuela: no tanto lo que propone nueva, sino lo que despierta en quienes guardamos algún recuerdo de aquella entrega original.

Una química que sostiene, una dirección que no despega

La dupla Bullock-Kidman sigue siendo lo mejor que tiene la película. Cada vez que comparten plano, la escena respira de otra manera: hay picardía, complicidad, esa cosa de hermanas que se conocen desde siempre y que nadie puede fingir. La crítica coincide en señalarlo: ese vínculo es el activo más sólido, el que sostiene los momentos más logrados del film. El problema aparece cuando las hermanas no están en pantalla, porque el resto del elenco y el tono general no logran sostener el mismo nivel.

La dirección de Susanne Bier, responsable de films tan serios como En un mundo mejor o Serenity, no termina de encontrar el registro. La película se mueve entre la comedia romántica y el drama familiar con hechizos, pero sin terminar de decidir qué quiere ser. Los efectos visuales, dicen, remiten a producciones televisivas de los años noventa, lo cual puede leerse como homenaje o como falta de presupuesto, según el cristal con que se mire. En cualquiera de los dos casos, el resultado se nota.

  • Maisie Williams, Joey King y Lee Pace se suman como personajes nuevos, pero no encuentran espacio real para desarrollarse dentro de un guion que tiende a la repetición y al subrayado excesivo.
  • El epílogo es descripto por la crítica como prescindible, y la trama se extiende más allá de su punto natural de cierre, como si nadie se animara a decirle basta.
  • Los diálogos cargan una emotividad directa, con mensajes positivos que no requieren demasiado esfuerzo de interpretación, pensados para un público que disfruta sin pretensiones.

Me quedo pensando en esos 28 años que separan una película de la otra. Es muchísimo tiempo: suficiente para que una generación entera haya crecido, haya tenido hijos, haya cambiado de ciudad, de trabajo, de pareja. Y sin embargo, la secuela opta por el camino más conservador: contar prácticamente la misma historia, con el mismo tono, con la misma melancolía otoñal, sin animarse a arriesgar demasiado. Entiendo la decisión desde lo comercial, porque los estudios saben que la nostalgia vende, pero como espectadora me deja con ganas de algo más.

¿Qué esperaba yo de Prácticamente magia 2? Sinceramente, no lo sé bien. Tal vez una mirada más adulta sobre estas dos mujeres que ya no son las jóvenes atolondradas de la original, tal vez un guiño a los temas que importan hoy y que en 1998 ni se nombraban. Pero la película no se anima a dar ese paso: prefiere quedarse en el terreno seguro del entretenimiento predecible, de los hechizos simpáticos y los romances sin sobresaltos. Y no está mal, ojo: cumple su función para quien busca ese tipo de experiencia.

“Para quienes buscan reencontrarse con las hermanas Owens sin modificar demasiado la experiencia original, la propuesta cumple su función. Para quienes esperaban una renovación, el balance es menos favorable.”Celeste Almonacid

Ya está en cartelera, y seguramente convoque a más de uno que quiera saber cómo siguen estas dos hechiceras entrañables. Me parece una buena opción para una tarde de sábado, sin demasiadas expectativas, con pochoclo y la disposición de dejarse llevar. Pero si van esperando la magia de la primera entrega, les advierto: el hechizo está, solo que un poco apagado, como cuando una vela lleva encendida demasiado tiempo y la llama ya no tiene la misma fuerza. Las quiero igual, a Sally y a Gillian, pero hoy, mientras escribía esta nota, sentí que la magia se quedó un poco en el camino.

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Celeste AlmonacidCultura y patrimonio

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