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Viernes, 23 de octubre de 2026
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Más de un millón de argentinos cruzaron el charco hacia Italia y el país les abre las puertas de sus pueblos

La temporada cerró con cifras récord de visitantes y las autoridades italianas empujan una estrategia que va mucho más allá de Roma, Florencia y Venecia: buscan seducir al turista de raíces con borghi serranos, costa ligurica y sabores del sur reconocidos por la Unesco.

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Andrés AguilarTurismo · · 3 min de lectura
Más de un millón de argentinos cruzaron el charco hacia Italia y el país les abre las puertas de sus pueblos

Les cuento una cifra que me llamó la atención cuando me la pasaron: Italia cerró la última temporada de verano europeo con más de 1.200.000 turistas argentinos cruzando sus fronteras. Es un número que impresiona, y que confirma algo que en el sector ya se daba por hecho: la península es hoy la gran puerta de entrada europea para los viajeros que salen desde Buenos Aires, Córdoba o Rosario. Los vuelos directos que conectan ambos países vienen trabajando con promedios de ocupación por encima del 80%, y eso no es casualidad, es demanda real sostenida.

Ahora, ¿por qué Italia y no otro destino? La respuesta tiene un dato demográfico que a mí, cada vez que lo mencionan, me sigue resultando poderoso: casi la mitad de la población argentina tiene ascendencia italiana. No es un detalle menor. Esa es la base sobre la que se construyó lo que las autoridades del sector llaman turismo de raíces: viajes donde el motor no es solo la foto en el Coliseo, sino el reencuentro con el pueblo del bisabuelo, con la cocina de la nonna, con el dialecto que sonaba en la mesa los domingos.

“El turismo está hecho de relaciones humanas, económicas y sociales. Casi el 50% de los argentinos son de origen italiano. Queremos trabajar en el turismo de las raíces. Las raíces significan la cultura, el estilo de vida, las costumbres. Porque cuando viajas, conoces, hablas, comes y entras en la cultura del pueblo. Y nuestros pueblos vienen de las mismas raíces.”Andrea Gnazzi, diputado italiano, integrante de la Décima Comisión de la Cámara de Diputados

La Italia que va más allá de los clásicos

Porque Roma, Florencia y Venecia están buenísimas y nadie las va a dejar de visitar, pero la estrategia oficial italiana apunta a otra cosa: redistribuir a los visitantes hacia los borghi, esos pueblos chicos de montaña y de costa que ellos mismos bautizaron como la Italia de los 8.000 campanarios. La idea es seducir al viajero que ya hizo el recorrido clásico y que ahora quiere algo distinto: tradiciones locales, paisajes sin multitudes, transporte eléctrico, gastronomía nocturna y conectividad de alta velocidad. Vamos, una Italia más íntima y menos fotocopia.

El sur como protagonista

  • Calabria, con su costa jónica y cristalina, amplió su capacidad de recepción y se posiciona como una de las grandes apuestas del sur.
  • Puglia, con sus trulli de Alberobello y sus pueblos blancos, es hoy una de las regiones más buscadas por el turismo internacional.
  • Sicilia sigue creciendo con una oferta que combina patrimonio grecorromano, playas y una cocina callejera de otro nivel.
  • Campania, además de Nápoles y Pompeya, abre camino a sus borghi del interior con tradiciones rurales muy fuertes.
  • Liguria, históricamente vinculada a la Argentina por las corrientes migratorias de los siglos XIX y XX, refuerza el lazo a través de su gastronomía costera y sus dialectos que todavía se escuchan en algunos puertos.

Y si hablamos de comida, hay que detenerse un segundo: la cocina italiana fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. O sea, no es un eslogan turístico, es un reconocimiento de carácter global. El calendario suma miles de festivales y ferias tradicionales a lo largo del año, lo que convierte al país en un destino que también se come, literalmente, en cada estación.

Miren, si están pensando en cruzar el Atlántico, mi consejo es que no se queden solo con el circuito clásico. Dense el gusto de perderse en un borgo, comer donde paran los vecinos y charlar con la gente del lugar. Para empezar, les tiro una punta: en la zona de la costa ligurica, el pueblo de Camogli es una joyita. Y si andan por allí, no se vayan sin probar la focaccia col formaggio en cualquier horno del centro. Es de esas cosas que se recuerdan toda la vida.

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Andrés AguilarTurismo

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