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Miedo a volar: las claves que dio un neurólogo para desarmarlo antes de subir al avión

Conrado Estol explicó por qué la ansiedad suele empezar mucho antes del despegue y qué se puede hacer para ponerla en perspectiva. Entre las recomendaciones, mirar una aplicación de seguimiento de vuelos y evitar el alcohol.

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Marta MansillaSociedad y salud · 23 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Lo conozco a Esteban desde hace años, porque atendemos en el mismo edificio del centro y muchas veces nos cruzamos en el ascensor. Tiene 54 años, es contador y hace más de una década que no se sube a un avión. Esta semana me lo encontré en el lobby, con la mirada clavada en el celular, mirando precios de pasajes a Bariloche para las vacaciones de julio. Me dijo, casi en confesión, que la idea de volar lo paraliza y que por eso siempre termina eligiendo un micro, aunque llegue molido y con la cintura destruida. Charlamos un rato y, a los pocos días, me topé con las explicaciones del neurólogo Conrado Estol sobre cómo poner en perspectiva ese miedo. Le mandé un audio a Esteban con un resumen, porque me pareció que le iba a servir. Y acá va, para todos los que estén en la misma.

Por qué la ansiedad arranca antes de embarcar

Para Estol, la cosa no empieza en el asiento 14F, sino bastante antes. Los controles, los trámites migratorios, el apuro por no llegar tarde al aeropuerto: toda esa previa se va pegando al viaje y termina asociada a la ansiedad del vuelo. El neurólogo reconoció, además, que en algunos casos se suma la claustrofobia, esa sensación de quedarse encerrado en un tubo con alas durante varias horas. O sea: el cuerpo se pone en alerta mucho antes de que la rueda delantera despegue de la pista.

Ahora bien, conocer las estadísticas de seguridad aérea no garantiza que se apague la respuesta emocional. El médico lo dijo con una frase bien clara: saber que volar es seguro no impide que aparezca el miedo cuando uno está viviendo algo que en la vida cotidiana no vive. Y ahí es donde propuso herramientas concretas para reencuadrar lo que se siente.

Tres ejercicios para bajarle el tono al temor

  • Mirar una aplicación de seguimiento de vuelos. La idea es dimensionar cuántos aviones están circulando en ese mismo momento por el mundo y ubicar el propio viaje dentro de un movimiento que es masivo y rutinario. Es una manera de darle contexto a la percepción del riesgo, en lugar de quedarse con la sensación de que el avión propio es una excepción vulnerable.
  • Aprender a distinguir las turbulencias. Estol separó las que aparecen asociadas a tormentas de las que se producen con cielo despejado, que son las más frecuentes y suelen llamar la atención del pasajero aunque desde la ventanilla no haya una sola nube. La sacudida no siempre avisa con mal tiempo a la vista.
  • Acotar la expectativa de duración. Los episodios fuertes suelen extenderse durante segundos o, como mucho, unos pocos minutos, aunque quien los atraviesa puede sentir que la cosa va a durar horas. Como ejercicio comparativo, el neurólogo sugirió prestar atención a los movimientos que uno tolera sin chistar cuando viaja en tren. La perspectiva, en ese caso, cambia bastante.

Sobre las tormentas, el especialista aclaró que los pilotos cuentan con herramientas para identificar los fenómenos meteorológicos en el radar y modificar el recorrido cuando hace falta. También recordó el papel de los protocolos de cabina, que apuntan a reducir distracciones durante esas maniobras. Para Estol, todo eso forma parte del mismo paquete: conocer cómo funciona el sistema ayuda a que la cabeza no se llene de películas.

El neurólogo fue terminante con un punto: desaconsejó recurrir al alcohol para sobrellevar el miedo. Advirtió que, además de dehydratar, puede provocar insomnio, que es exactamente lo que no necesita alguien que ya llega tenso al embarque. En su planteo general, la idea de fondo es que el temor no termine condicionando los viajes ni las vacaciones. Volar, dice, no debería ser un obstáculo para conocer un lugar o para ver a quien uno quiere ver.

Cuando le reenvié todo esto a Esteban, me respondió con un mensaje corto: "Lo miro y te contesto". Lo miro y te contesto es, probablemente, el primer paso que da alguien que está pensando en volver a subirse a un avión. No es la decisión final, pero es la decisión de informarse antes de decidir. Y en temas como este, informarse suele ser el mejor movimiento inicial.

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Marta MansillaSociedad y salud

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