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Remediar se quedó con casi nada: en los centros de salud del barrio ya solo quedan seis medicamentos en el botiquín

El plan nacional que durante años abasteció dispensarios y salas de atención primaria pasó de 128 productos a apenas seis, todos ligados a enfermedades cardiovasculares. Antibióticos, antinflamatorios, jarabes pediátricos y medicación para diabetes dejaron de llegar y los pacientes sin cobertura empiezan a sentir el cambio en la puerta del centro de salud.

MM
Marta MansillaSociedad y salud · · 3 min de lectura
Remediar se quedó con casi nada: en los centros de salud del barrio ya solo quedan seis medicamentos en el botiquín

Lo que durante más de veinte años fue una de las columnas del primer nivel de atención sanitaria en la Argentina hoy se parece cada vez más a un mostrador casi vacío. El plan Remediar, que durante décadas abasteció con medicamentos a los dispensarios, a los centros de salud municipales y a las salas comunitarias de todo el país, pasó de distribuir 128 productos a apenas seis, todos destinados a tratamientos cardiovasculares. La reducción, del 95%, no es un ajuste menor: es un cambio de fondo en la forma en que el Estado garantiza el acceso a los medicamentos más elementales para la gente que solo tiene la salud pública.

En la sala de espera del centro de atención primaria del barrio Centro América, en la ciudad de Córdoba, María Inés tiene 58 años, vive a pocas cuadras y concurre una vez por mes a buscar la medicación para la diabetes. Cuenta que siempre le alcanzó con la receta del médico del centro y con el blíster que le entregaban en la ventanilla. La última vez, en cambio, le dijeron que esa insulina ya no se entrega más por Remediar. "Me tuvieron que explicar tres veces, pensé que no me habían entendido. Ahora me dicen que vaya al hospital, pero al hospital tengo que ir temprano a sacar número y me queda lejos", resume, mientras acomoda la carpeta con los análisis que le mandó a hacer la médica de cabecera.

Qué dejó de llegar y qué sigue llegando

  • Antibióticos de uso frecuente en infecciones respiratorias, urinarias y de la piel.
  • Antinflamatorios y analgésicos de primera línea.
  • Jarabes pediátricos y medicación habitual para chicos.
  • Vitaminas y suplementos de uso habitual.
  • Fármacos para personas con diabetes, como insulinas y antidiabéticos orales.
  • Seis medicamentos cardiovasculares que continúan en el vademécum.

Son, en su mayoría, productos de los que dependen familias sin prepaga ni obra social para resolver los malestares de todos los días: una angina, una fiebre que no baja, un dolor que se vuelve crónico, un pico de glucemia. La mayoría de esos tratamientos ya no se entregan en el centro del barrio.

El funcionario que puso números y fechas al recorte fue el secretario de Salud de Córdoba, Gustavo Klein, que además de este modo le puso marco temporal a la poda. "Desde hace tres años esta parte ha sido cercenada y restringida en forma permanente hasta llegar a este momento", explicó, en referencia al vaciamiento progresivo del vademécum original.

“Seguramente va a haber un colapso respecto a ese tema.”Gustavo Klein, secretario de Salud de Córdoba

El planteo de Klein apunta a uno de los riesgos más concretos: que la demanda que antes absorbían los centros barriales termine cayendo sobre los hospitales públicos provinciales, que tienen farmacia hospitalaria propia y están operativos, pero no están pensados para responder a la demanda ambulatoria cotidiana. Atender una angina, controlar la glucemia de un paciente diabético o renovar la receta de un antihipertensivo son prácticas que se resuelven en el primer nivel; si ese mostrador se queda sin stock, todo se corre aguas abajo, hacia guardias y consultorios externos que ya de por sí suelen estar al límite.

La discusión política también está abierta. En los últimos encuentros del Consejo Federal de Salud (COFESA), la postura del gobierno nacional fue que Remediar debía reorientarse hacia las patologías cardiovasculares. Córdoba, junto con otras jurisdicciones, busca ahora una reunión formal con las autoridades sanitarias nacionales para discutir el alcance del recorte y explorar alternativas de provisión para los medicamentos que dejaron de distribuirse.

Para María Inés, la discusión suena lejana. Ella, como miles de personas en todo el país, necesita la respuesta mucho antes de que termine cualquier mesa de negociación. Mientras tanto, lo que cambió en su vida es concreto: un viaje más largo, una fila más, una ventanilla más. Y, sobre todo, la certeza de que aquello que daba por sentado en el centro de salud del barrio hoy ya no está donde solía estar. "Yo lo único que pido es que, cuando vaya, me puedan dar lo que me receta la médica", dice, antes de subirse al colectivo que la devuelve a su casa con las manos vacías y la carpeta llena de preguntas.

MM
Marta MansillaSociedad y salud

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