Street Fighter vuelve al cine y, esta vez, la crítica la deja pasar: el detalle de los números que cambiaron la historia
La nueva adaptación del clásico de Capcom mejora las marcas de las versiones de 1994 y 2009, aunque todavía lejos de ser un fenómeno. Un recorrido por los puntajes, los por qué y lo que se viene para las adaptaciones de videojuegos de pelea.

En 1994, cuando la primera película de Street Fighter llegó a las salas, el género de adaptaciones de videojuegos todavía estaba aprendiendo a caminar. Treinta y dos años después, en 2026, la tercera entrega en imagen real de la franquicia japonesa de Capcom consigue un dato que, sin ser glorioso, alcanza para mover el amperímetro: un 41 por ciento de críticas positivas en Rotten Tomatoes, la plataforma que reúne las reseñas de la prensa especializada de todo el mundo. Esa cifra, que para cualquier estreno sería apenas tibia, se vuelve extraordinaria cuando se la pone al lado de sus antecesoras.
Porque la comparación duele, y mucho, en particular para las productoras que apostaron por esos films. La versión de 1994, aquella que protagonizaron Jean-Claude Van Damme y la recordada Raúl Juliá, había sumado un 20 por ciento de aprobación en el mismo sitio. Y la de 2009, titulada Street Fighter: La leyenda, con Kristin Kreuk como Chun-Li, directamente se desplomó hasta un 3 por ciento, una marca que la dejó convertida en una de las cintas de mayor rechazo del sitio. Es decir: la nueva película, dirigida por Kitao Sakurai, no sólo le gana a las dos, sino que duplica el registro de 1994 y multiplica por más de diez la marca de 2009.
Los números del público, en otra sintonía
La mirada de la prensa especializada es una cosa, y la del público que concurrió a las salas, otra. Y acá el panorama se muestra bastante más parejo. Tanto la nueva versión de 2026 como la recordada entrega de 1994 comparten una calificación B menos en el sistema CinemaScore, una nota que se obtiene en la misma noche del estreno mediante encuestas a espectadores que acaban de salir de la sala y que, en la industria, suele usarse para anticipar cómo se va a comportar una película en las semanas siguientes. Esa B menos indica, en criollo, una recepción tibia: el público la aprueba, pero sin pasiones encendidas. La diferencia aparece en IMDB, el portal donde cualquier usuario puede dejar su puntuación: allí la película de Sakurai suma un 6,3 sobre 10, contra un 4,2 de 1994 y un 3,7 de 2009. La nueva entrega no arrasa, pero se nota.
Lo que ese 41% dice en realidad
Conviene no leer este resultado como un triunfo absoluto. Un 41 por ciento de aprobación en Rotten Tomatoes no alcanza para hablar de éxito crítico: queda por debajo de la línea del 60% que suele marcar el consenso favorable, y muy lejos de ese 75% o más que suele separar a las películas que la prensa suele considerar realmente logradas. Lo que el número sí cuenta, y con bastante precisión, es que el intento de llevar un juego de peleas al cine sigue siendo una operación de alto riesgo para cualquier estudio, y que esta vez, al menos, no terminó en desastre. La distancia respecto de las dos películas anteriores es real, y eso es noticia.
Cuando terminé de repasar las cifras lo primero que sentí fue algo parecido a la satisfacción de ver cómo un formato difícil empieza a encontrar, después de décadas, cierto equilibro. No es la consagración del género, ni mucho menos, pero sí un paso adelante que deja a Street Fighter 2026 como la entrega menos vapuleada por los críticos. Y eso, en un terreno donde la franquicia ya había probado el piso del desprecio absoluto, es muchísimo.
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