Una capillita con acento alpino sobrevive entre los bosques de Meliquina, al pie de los Andes
A 40 kilómetros de San Martín de los Andes, sobre la ruta hacia Paso Córdoba, se levanta la Capilla San Jorge, un templo de madera que mandó construir un príncipe alemán dentro de su estancia y que hoy es una de las paradas menos conocidas del Camino de la Fe neuquino.

La recorrida arranca, como tantas veces en la Patagonia, en un living improvisado. Llevo un rato conversando con Jorge Almendra, un vecino de Villa Lago Meliquina de 57 años, que me recibe con una taza de mate mientras señala por la ventana hacia el fondo de su campo, donde se adivinan unas copas de lengas, coihues y pinos que la nieve todavía no terminó de soltar. "La capilla está ahí nomás, a dos kilómetros, escondida entre los árboles -me dice, con esa mezcla de orgullo y pudor de quien tiene un tesoro del que casi nadie habla-. La gente pasa por la ruta hacia Paso Córdoba y no se da cuenta de que del otro lado del alambrado hay una capillita que parece traída en barco desde los Alpes".
Un príncipe, una estancia y un templo de madera
Efectivamente, la Capilla San Jorge no es una construcción criolla más. Fue impulsada a mediados del siglo XX por Georg von Waldburg-Zeil, un príncipe alemán dueño de la histórica Estancia San Jorge, cansado de tener que trasladarse hasta San Martín de los Andes para cumplir con sus obligaciones religiosas. Decidió entonces levantar un espacio de fe dentro de sus propias tierras y financió, además, el sistema de campanas electrónicas de la Parroquia San José de esa ciudad, enviadas desde Alemania. El templo, de madera, techos inclinados y líneas sencillas, lleva el nombre del santo patrón y se integra al paisaje patagónico sin imponerle su escala: cuando uno se acerca, parece brotar de la misma lenga que lo rodea.
Como la capilla se levanta dentro de una propiedad privada, su uso cotidiano depende de la Parroquia Nuestra Señora de la Vega, de San Martín de los Andes, y las misas abiertas al público son esporádicas. Pero, incluso sin entrar, el lugar invita a quedarse: hay un pequeño cementerio rural asociado, senderos rodeados de bosque y un silencio que, según coinciden los vecinos, sólo rompe el viento entre las ramas.
Una parada dentro del Camino de la Fe neuquino
Ese rincón forma parte del Camino de la Fe neuquino, un recorrido de más de 800 kilómetros que une capillas, iglesias y sitios religiosos desde Ailinco, en el norte de la provincia, hasta Villa La Angostura, en el sur. San Jorge es, justamente, uno de los tramos menos conocidos del itinerario: su escala pequeña y su ubicación entre los árboles lo vuelven casi un secreto para los turistas que pasan de largo.
- El lago Meliquina, con playas de arena y piedra, aguas cristalinas y propuestas de kayak, stand up paddle, kitesurf y windsurf.
- El Mirador Cuatro Encantos y La Puntilla, con vistas abiertas sobre el lago, la villa y las montañas.
- El camino hacia Paso Córdoba, con bosques, formaciones rocosas y varios puntos panorámicos para detenerse.
- Los pozones y rápidos del río Caleufú, el lago Filo Hua Hum y opciones de senderismo, mountain bike y pesca deportiva en temporada.
“Me gusta vivir acá sabiendo que del otro lado del monte hay algo que un príncipe trajo desde Europa y que sigue en pie. Uno se acomoda la camioneta, se cruza alambrado adentro y se queda un rato en silencio. Eso no tiene precio.”Jorge Almendra, 57 años, vecino de Villa Lago Meliquina
Antes de volver a la ruta, Jorge se asoma otra vez por la ventana y me confiesa qué espera para los próximos meses: que el municipio, la parroquia y los dueños de la estancia acuerden alguna jornada de puertas abiertas al año, al menos en verano, para que los viajeros puedan conocer el interior del templo sin tener que entrar a un campo ajeno. "Con que la puedan ver dos o tres veces por temporada -insiste, mientras acomoda el mate-, alcanza. Al resto lo va a seguir cobijando este bosque, que es el mejor cuidador que tiene la capillita".
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