Martes, 15 de septiembre de 2026
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Voces de Santa Cruz

Voluntad mediterránea: Al Di Meola volvió a pisar Buenos Aires y volvió a nacer

El guitarrista estadounidense ofreció en La Trastienda un show acústico de más de dos horas junto a dos músicos españoles, repasando cinco décadas de una carrera que cruza jazz, flamenco y tango, y dejó la sala llena con la sensación de haber sido testigo de un regreso que nadie daba por seguro.

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Celeste AlmonacidCultura y patrimonio · 15 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Volvió a nacer, dijo él, y la frase no fue un recurso retórico ni una frase de cortesía para arrancar aplausos: fue, literalmente, lo que ocurrió. En 2023, en un escenario de Bucarest, a mitad de una gira que incluía varias fechas en la Argentina, Al Di Meola sufrió un infarto que lo obligó a suspender todo y a repensar, a la fuerza, qué hacer con los años que le quedaban por delante. Este jueves, en la sala de La Trastienda, a metros de mi butaca y con un público que agotó las localidades, el guitarrista estadounidense de setenta y dos años volvió a subirse a un escenario porteño y convirtió esa reaparición en algo más que un concierto: en una declaración de principios, en una forma de decir que todavía está aquí, que todavía tiene cosas para decir con las seis cuerdas, y que el abrazo de una ciudad que lo adoptó hace décadas todavía le sirve de combustible.

El formato de la noche fue acústico, austero en apariencia y profundo en sonido. Lo acompañaron el guitarrista español Isaac Romagosa y el percusionista Sergio Martínez, también de España, cuyo cajón fue el ancla rítmica de las dos horas y diez minutos de música que se desplegaron casi sin pausas. La elección de dos músicos con raíz flamenca no fue un detalle menor ni una concesión al mercado: definió la paleta sonora del show y le dio a cada interpretación un color mediterráneo que convivió, sin fricciones, con el jazz de fusión que Di Meola supo hacer universal cuando todavía militaba en Return to Forever, el grupo que compartió con Chick Corea y que en los años setenta cambió para siempre la idea de qué podía hacer una guitarra eléctrica.

Un repertorio que recorre medio siglo

  • Fragmentos de su etapa con Return to Forever, la banda que compartió con Chick Corea en los años setenta.
  • Versiones de The Beatles, con In My Life como momento más aplaudido de la noche.
  • Pasajes de Astor Piazzolla, entre ellos Café 1930, tocado como un homenaje en tierra amiga.
  • Un cover de The Sound of Silence, de Simon y Garfunkel, resignificado en clave acústica.
  • Ava's Dance in the Moonlight, dedicado a su hija, y temas propios como Misterio, Infinite Desire y Eden.

Hubo fandangos, soleás, rítmica afrolatina, evocaciones mediterráneas y tramos extensos de improvisación colectiva donde los tres músicos se miraban, se escuchaban y se empujaban mutuamente a ir más lejos. Algunas de esas improvisaciones se estiraron más de la cuenta y perdieron tensión, es cierto, y hacia la mitad del concierto Di Meola tuvo que llamar a su ingeniero de sonido al escenario para resolver un problema con el audio que empezaba a empañar la nitidez de su instrumento. Son las asperezas propias de un show en proceso, de un formato sin red y sin claqueta, y esas imperfecciones, lejos de arruinar la noche, le terminaron dando un aire de riesgo verdadero que muchas producciones demasiado pulidas ya no tienen.

Me quedo, sin embargo, con dos imágenes. La primera es la de Di Meola hablando en español varias veces durante el show, con ese español masticado y querido que se construye después de años de venir una y otra vez al mismo lugar, y agradeciendo con la frase Gracias a Dios estoy de regreso con ustedes, volví a nacer, en referencia directa a lo que le pasó en Rumania. La segunda es la del final, cuando invitó al público a acercarse al escenario y armó entre todos una versión compartida de Mediterranean Sundance, la pieza asociada a Paco de Lucía, con palmas desde las primeras filas y teléfonos en alto grabando lo que muchos temían que no volverían a ver. En ese instante, sentado entre desconocidos que se conocían de toda la vida, sentí que estaba presenciando algo que no se compra con una entrada: la confirmación de que un artista que pudo haberse retirado eligió volver, eligió hacerlo en Buenos Aires y eligió hacerlo con la misma guitarra y la misma hambre de siempre.

CA
Celeste AlmonacidCultura y patrimonio

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