Yoko Taro, el hombre detrás de la máscara: el director que sigue trabajando por miedo a la demencia
El creador de NieR y Drakengard reapareció en Tokio y contó que su sueño profesional se cumplió en 2003 con el debut de Drakengard para PlayStation 2. Hoy escribe el guion de la nueva serie de Evangelion y admite que lo mueve, sobre todo, el terror a perder la memoria.

Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que un director de videojuegos podía debutar con una rareza ambientada en un mundo donde los dragones conviven con los aviones de combate y los protagonistas escuchan música de los estadios musicales de Tokio, y aun así ser tomado en serio. Eso fue lo que le pasó a Yoko Taro en 2003, cuando firmó Drakengard para la PlayStation 2 como su primer juego como director. Más de dos décadas después, en un escenario del festival The Tenth Mosaic, en la capital japonesa, el creativo volvió a ponerse su emblemática máscara de Emil —el personaje de NieR Automata que ya es su sello— y se sentó a conversar con Keisuke Okabe, director de Ender Lilies, para repasar su carrera con una franqueza que pocas veces se escucha en una industria acostumbrada a los comunicados pulcros.
Lo primero que dejó en claro es que ya no lo mueven las grandes ambiciones ni los reconocimientos pendientes. Su sueño, dijo, se cumplió hace veintidós años con aquel primer Drakengard. Todo lo que vino después —NieR Replicant, NieR Automata, las expansiones, los spin-offs— lo considera un regalo extra que la vida le fue regalando sin que él lo pidiera. La frase no es un ejercicio de falsa modestia: para Taro, el círculo virtuoso del reconocimiento llegó tarde, y él ya tenía decidido, en algún momento, evaluar la posibilidad de retirarse con sus ahorros.
Una jubilación postergada por el miedo a la demencia
“Cuando me enfrento a una situación difícil en el trabajo, me sobrepongo diciéndome a mí mismo: esto es bueno para prevenir la demencia.”Yoko Taro
Lo que lo mantiene activo, entonces, no es la gloria ni un contrato millonario, sino algo mucho más íntimo y, si se quiere, más humano: el miedo a que el paso de los años le juegue una mala pasada. Esa es la única motivación que el japonés reconoce hoy para seguir entregando proyectos a tiempo, para sentarse frente al teclado cuando el día se presenta cuesta arriba. Es una confesión extrañísima viniendo de un autor que durante años cultivó una imagen críptica y solemne, casi ritual, en cada una de sus apariciones públicas.
Y, sin embargo, la ausencia de un nuevo NieR central no significa que Taro haya estado quieto. Él mismo aclaró en el panel que estuvo embarcado en varios desarrollos durante los últimos años, pero que todos terminaron cancelados antes de llegar a las tiendas. Lo que sí vio la luz fueron títulos periféricos como Voice of Cards y el juego para móviles 404 GAME RE:SET, producciones asociadas al universo pero sin la densidad argumental y filosófica de las entregas principales.
La nueva serie de Evangelion, con música de Okabe
Entre sus compromisos concretos, el más inesperado es el guion de la próxima serie televisiva de Neon Genesis Evangelion. La producción, que ya genera expectativa entre los seguidores del anime mecha creado por Hideaki Anno, tendrá la música de Keiichi Okabe, el compositor que firma los paisajes sonoros de NieR y Drakengard. La dupla, entonces, se mantiene intacta: Taro escribe, Okabe musicaliza. Falta saber qué tono le imprimirá el director de Drakengard a uno de los universos más revisitados de la animación japonesa.
Sobre el presente de la industria, Taro fue optimista: consideró que las herramientas actuales y la inteligencia artificial les dan a los creadores más jóvenes una libertad creativa que no existía cuando él arrancó, en una época en la que cada decisión dependía de reuniones con productores y presupuestos cerrados. Esa mirada, lejos de sonar nostálgica, se parece más a un alivio: Taro ya no carga con la presión de tener que innovar a cualquier costo, porque entiende que el oficio cambió y que otros pueden llevar la antorcha.
Yo confieso que algo se me aflojó en el pecho al escucharlo hablar así. No es habitual que un autor de su tamaño se sincere de ese modo frente a un micrófono, sin red ni marketing de por medio. Verlo admitir que sigue trabajando casi como una forma de terapia preventiva contra el olvido me pareció, en algún punto, un acto de enorme coraje. La máscara de Emil, esa cara de porcelana con los ojos cerrados que lo acompaña desde 2017, nunca había parecido tan carga tan honesta y no condena: por primera vez, debajo del plástico, se asomó un creador cansado, pero todavía lúcido, que escribe Evangelion por las mismas razones por las que uno cruza la calle con un poco más de cuidado cuando empieza a sumar años.
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