Tequeños de autor: la guía para que no se abran en la fritura y lleguen crujientes a la mesa
Masa de dos milímetros, ocho dobleces y un reposo breve: los secretos del clásico bocado venezolano que se sirve caliente, ideal para abrir una comida con amigos.

A mí me pasa siempre: me como el primero antes de sentarme a la mesa y termino haciendo fila detrás de la sartén. Los tequeños son de esos bocados que desaparecen en el mismo momento en que salen del aceite, así que más vale aprender a hacerlos bien en casa antes de que alguien proponga comprarlos. Después de probar varias veces, les cuento lo que aprendí sobre esta preparación venezolana que es pura fiesta.
La masa, paso a paso, sin amasar de más
El arranque es de manual: se corta la manteca en cubitos y se mezcla con la harina, la sal y el azúcar usando la punta de los dedos, hasta conseguir una especie de arenado grueso. Después se hace un hueco en el centro, se vuelca el huevo y se empieza a integrar la harina de los bordes. La leche se suma de a poco, siempre uniendo con las manos y sin amasar: la cantidad justa es la que absorba la harina, ni un chorrito más.
- Sobre una superficie enharinada, estirar con palo y doblar la masa sobre sí misma.
- Girar 45 grados y volver a estirar, repitiendo hasta completar ocho dobleces.
- Cubrir con un paño y dejar descansar entre 10 y 15 minutos antes de cortar.
El queso, la tira y el envoltorio sin aberturas
Mientras la masa descansa, llega el momento clave: cortar el queso en bastones de unos seis centímetros de largo por uno de ancho. Lo ideal es el queso llanero, que se consigue en casas de productos latinos; si no aparece, va bien un queso blanco de cabra, de pasta dura y con poca grasa. La masa se estira hasta quedar finísima, dos milímetros de espesor, y se corta en tiras de un centímetro y medio de ancho, siempre midiendo entre tres veces y media y cuatro veces el largo del bastón. Antes de envolver, se pincela cada tira con agua: eso es lo que pega los bordes y evita que se abran en el aceite.
Fritura rápida y el acompañamiento
La fritura es cuestión de un minuto, con abundante aceite bien caliente en sartén honda. Se mueven los tequeños para que se doren parejos y, al sacarlos, se apoyan en papel absorbente antes de llevarlos a la mesa. Conviene comerlos calientes, recién hechos, cuando el queso estira y la masa queda crocante. Para mí, la compañía ideal es la guasacaca, una salsa venezolana a base de palta que le va como anillo al dedo.
Un dato práctico para no perderse: con estos tiempos, en menos de una hora se tienen listos los tequeños y la salsa, así que rend fácil para una juntada de seis a ocho personas si se duplican las cantidades. Y ya que estamos en tema, les recomiendo probar la versión en alguna casa de comida venezolana del barrio: los que mejor la trabajan suelen tenerla como entrada y la sirven en porciones que se acaban antes de que llegue el plato principal. Si andan por Palermo, vale la pena preguntar en algún local de la calle Honduras: más de uno tiene su receta propia y la ofrece para arrancar la noche.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo

Semana Santa Diferente: Descubre Buenos Aires en Cuatro Días


Descubrí los tesoros del Norte Neuquino: cuatro destinos ideales para desconectar
